Gesto en ruinas
I
Mi lugar anhelado no ha encontrado otra voz.
Rompo las galeras yertas del silencio,
derrumbo otra historia tras la brisa del hoy.
Apuro a tu cielo en la ausencia del agua,
advierto en tu mirada, otra sombra dormida.
Releo en tu nombre, de silueta cansada,
pausas en destellos, sinuosa invitación;
presunto consabido, habitando en cadenas
condenado en la ardiente, promesa una ilusión.
Desnuda de soledad al borde del camino,
sobre manos aladas, aprisiono el dolor.
Desandando el silencio, testigo de mi ausencia
reanudo mi sentencia, apuro a la razón.
Otros pasos resguardan paisajes otoñales,
las fronteras del cuerpo, ondean de estupor.
La sal de tu semblanza, la arena de tu nombre
la hora maldecida, tras la huella del hoy.
En tu barca una estela, deshojando la vida
circundo una certeza, habito un corazón.
Mis vestiduras son el tiempo rendido de inocencia,
verdugo sigiloso, aquilata mi amor.
II
Si la ínfima parte de mi pudiera contarse,
escogería gemir por la garganta ahogada del pez.
Resucitaría en el viento tu lejanía cansada,
descubriría en el pájaro la melodía afilada del olvido.
Cruzaría mi cielo para despertar la verdad.
III
Me diluyo en mi nombre
porque me estrello en el tiempo.
He transitado por el velo de la esperanza
y hoy acudo a ti.
Tú amas lo que no sé…
y ya me he cansado de despertar.
Trémula rondo el llanto,
de impávida lejanía me estremezco.
Ojala no adviertas la verdad y te vayas…
renegando espacios…, o implorando el deseo.
Encontrarte he callado despacio,
difumino el beso guardado sobre el atardecer.
Mi abrazo es el alba…
y esta noche se ha marchado,
durante los ojos del olvido.
IV
La sorpresa cotidiana embriaga mi sombra.
¿Dónde habré extraviado el camino?
Descanso como cualquier mortal,
lejos del cielo…
Aún no sé…, de dónde viene la lágrima.
Ya se han perdido los espacios…
Acostada como trepando el mundo,
sumerjo un peso enmudecido.
Vienen impidiendo romper la tempestad,
¿habrá transcurrido una semejanza donde anida el sueño?
V
El intento de matarme ha sido claro…
Como un despertar, he nacido en tus besos alguna vez…
soslayando la despiadada certeza.
Hay manos que prenden el silencio,
y yo habituada de ánimos,
repongo la hora que se quiebra en tu remanso.
VI
Somos papeles que se van
Llueve en mi pecho y en tu reloj…
Como si la espesa niebla
reflejara tersa el rumor.
Yo soy el tiempo… sueño y
la siguiente latitud…
VII
Si he dejado aun atrás y alguna vez…
y desde mi ventana no escucho el canto…
Si al regresar de la vida,
he logrado perder lo que me diste…
Has debido jugar a quedarte,
a desandar sobre el tieso y lento desastre de mi pobre razón…
incauta, presa y alguna vez resuelta a olvidar.
VIII
Mis velas se espuman tras los sueños
tardo lo que un beso en devolver el asombro,
todas las incertidumbres impiden la aurora,
y aún resuelvo regresar.
IX
En mis noches distraigo la ausencia del cuento,
rozo en cadenas a un cielo callado.
Perdida de sueños habito al reloj;
esos puntos de luz…,
solo gritan debiendo eternidad.
Tu silencio se parece al recuerdo…
lejano o confeso atisbo.
En pálida conjunción…, sombras y rayos de luna.
X
Desde el espejo atrapo
toda la distancia en la que muero;
se ha repetido en una bondad más mi suerte.
Algunos días parecen regresar,
solo el suspiro es certero,
avisando sobre mi paso lento.
XI
Aguas de los mundos,
agitadas sobre los caminos cansados del hoy…
repartida en luz de olvidos.
Derrama tu sinuosa verdad
y encuéntrame alguna vez despierta…
XII
No me digas amor, si no sanas tu tiempo…
Voy guardada en tu sed, de inmortales afanes.
Rúbrica es tu boca, mordaza del recuerdo.
Hoy persiste la hora
y he convidado a la ausencia de otra eternidad.
Desnuda para el viaje…
comulga un sueño de lluvia, plácido sobre el templo.
Vivo tras la verdad, del olvido que ha callado despacio.
XIII
Camino torpemente sobre el silencio que respiro.
Hiendo mi silueta como si la luna me crucificara en el polvo.
Atenúo la aurora de paso a mi ventana.
Querías encontrarme aliviando el tiempo.
Para olvidos presté mi estancia…
Te recordé… tensando mi verdad.
XIV
Lo que sirve es lo que pasa,
o se va o quiere embaucarnos;
es la sinuosa calma con que abro mi ventana
y derramo el silencio.
Incrustando sobre otra noche un desvelo
que invita mi asombro,
que me condena detrás de cada esperanza
sin el abrazo callado,
que ha tropezado en unos ojos de olvido,
hoy llenos de luz.
XV
Mis días se parecen a tu hora absurda,
he despertado pálida sobre la voz del silencio.
Los ayeres del mundo, destilan adioses hilvanados.
Mientras, el tiempo parece besar… aún mi sola frente.
XVI
Que tan perdida está la aurora,
que ha trasnochado al llanto?
Sin tu estela se pliega otra luz.
Noche sin auras y sin nombres…
de notas…, ribetes nostálgicos de las huestes.
Tónicas desechas y súplicas que pasan,
Sobre la distancia llevándose otra página.
XVII
Sí que me has puesto en busca de tu luz,
inalcanzable y certera.
Aquilatando el juicio entre mis manos,
Desvariando la razón y suspirando al viento.
Yerta de mí,
despojo hasta la dicha que enciende el tiempo,
raído…
como si en ti fuera siendo repartido el sueño
y la constelación que espera.
XVIII
Me he sumergido en tu voz,
poso mi vela nocturna
como si la brisa esculpiera alguna razón.
La calma me contempla.
Mientras, desierta de horrores…
me nombro y deslizo sobre agujas del reloj.
XIX
Las rosas de mi amor han vuelto solas
¿Donde hallarlas sin tu piel?
La brisa despierta en la ausencia tu nombre,
guardado… como se derrama el tiempo.
XX
Si te pudieras esperar que olvide…
¿desearías tú?
Cuando llegado el momento te vuelvas olvido.
Puedes trastocar el misterio en verdad;
logras acallar la sombra del amor,
juegas a pasar…
Tal vez sea yo el futuro en otra parte.
XXI
Sé que has andado viviendo,
como si pudieses dejarme los vagos trazos de sombras
y alguna rudimentaria forma que atraviesa las miradas,
en busca de ti.
XXII
El blanquecino cielo de la estancia
se pierde en una voz.
La tierra ha ablandado mi noche
y ya la calma no estruja una sed.
Mi verdad se ha escondi
do en años
y amontonado en deseos dispersos…
como hiende el tiempo cierta brevedad de amor.
XXIII
Te siento demasiado cerca para mi hora,
demasiado dentro para mis manos,
demasiado lejos para el silencio.
YUSMILA ROMERO
Escritora y docente cubana. Graduada de nivel medio como profesora de asignaturas teórico - musicales. Graduada de nivel superior en composición musical en la Universidad de las Artes de La
Ha impartido la docencia en el conservatorio de música, en la clase de análisis musical.
Ha realizado diversas funciones como especialista y Jefa de Dpto. en Instituciones Culturales pertenecientes a la música de concierto del Ministerio de Cultura de Cuba. Ha organizando y participando en diferentes eventos (festivales, concursos, simposios y talleres) de alcance nacional e internacional vinculados a la música de concierto. Ha integrado jurados con músico profesionales de diversas especialidades y formado parte en concursos de música infantil. Ha participado con los grupos de trabajo para el desarrollo de la música, sinfónica, coral y de cámara, así como ha realizado múltiples asesoramientos y atendido durante más de diez años el catálogo de excelencia del Centro Nacional de la Música de Concierto.
Desde pequeña mostró su inclinación por la música y las letras, llevando ambos caminos en su quehacer artístico. La poesía caracteriza su creación literaria partiendo de una expresión emotiva y lírica que vigoriza, desde la experiencia más entrañable.








