BIENVENIDOS!!!!
MARIA ELENA GÓMEZ
CORINA HERRERO MIRANDA
La tormenta en el café
Un niño dejó una rosa
sobre la mesa de un bar.
Reposa la rosa
mientras estalla
la tormenta en el café.
Marchita la rosa,
acompaña el desmayo de la mano
a un costado de la taza.
El niño no se molesta
en recogerla.
Sigue de largo
hacia otra mesa más feliz.
La voz de él, una línea;
ella, un horizonte.
La tormenta pugna por salir.
Ya no queda nada
sólo el diálogo del silencio.
La selva, agazapada en sus ojos…
Una lágrima lastima la tarde.
¡Qué pecado castigar a la flor!
***
Como el río
Eso de dejar el amor para más tarde
cuando quizá sea tarde
y pase como el río
que vino a beber mis palabras,
besar mis pies e irse.
Paraná, mi padre te pintó
y a mí venís para apagar la sed
pero no puedo retenerte.
Sólo tengo una red de palabras
y el alma mojada.
***
EXILIO
Ellos habían colgado almanaques por toda la casa.
Cuando ella se fue se llevó hasta las paredes.
Cuando ella volvió él vio cómo, de a poco, regresaban los muros.
Cuando los dos se fueron descolgaron la casa del almanaque.
***
CORINA HERRERO MIRANDA
Nació en Arroyo Seco, provincia de Santa Fe. Cuando tenía un año de vida su familia se trasladó a Rosario. Allí se recibió de maestra en la Escuela Normal N°1 y luego se graduó como Profesora de Letras en la Facultad de Humanidades y Artes (UNR). Fue Docente de las siguientes asignaturas: “Introducción a la Literatura”, “Literatura de la Europa Septentrional” y “Latín I” en dicha facultad y de “Iniciación Literaria” en la Escuela Provincial de Artes Visuales, donde había sido Director su padre: Oscar Herrero Miranda. Dictó el “Seminario de Redacción de Textos” en el Instituto de Comunicación Visual. Coordina Talleres Literarios desde el año 1987. Ha publicado la Antología “No tan discretos”, Ed. Fundación Ross, “Territorios ocupados” (poemas) y “Territorios del deseo” (novela), Press Scripta Editora. Presenta este año 2025, editado por UNR Editora, un libro sobre su padre titulado “Herrero Miranda. La audacia en la pintura”. Fue recopilando, desde la muerte de su padre, toda la crítica, catálogos, ilustraciones y fotografías en un amplio registro de las obras del artista.NATALIA ARTIGAS
COMO TODOS
Eran las 3am de un jueves como todos, yo dormía en piyama, y despeinada como todos. Me levanté a hacer lo que todos. La casa estaba en silencio, excepto por los ronquidos del perro, la gatita y mi esposo. Me puse las pantuflas y me dirigí al baño, mi vejiga me lo pedía, además dicen que eso de retener no es bueno en las mujeres, sobre todo por la infección urinaria, pero, bue…
Entonces abrí la puerta, lo único que quería hacer era sentarme en el más placentero de los tronos, pero al prepararme me encontré con un tumulto de gente que estaba allí de fiesta, pero de FIESTA; FIESTA. Música a todo trapo, luces de colores, y yo en piyama con pantuflas, me recordó aquella vez que me hice pis en la escuela y le dije a la maestra: “Seño: mi silla está mojada”.
Lo raro era que el inodoro, el bidet y el lavamanos estaban allí, en ese rincón de siempre, y hasta había papel higiénico. Empecé a buscar entre la gente a alguien conocido que me diga tan solo dónde estaba el toilette, pero yo estaba en él, o en la fiesta que se sucedía allí. Cuando me introduje entre la gente descubrí que el baño era de mayor tamaño, y que había mucha, mucha gente.
Pero la necesidad era imperiosa, así que decidí salir por donde había entrado, quizá al entrar otra vez volvía todo a la normalidad, pero no, el pasillo que me conducía a mi habitación, ahora era la salida de emergencia, de ese gran boliche, mi baño, ese lugar tan menospreciado, tan de uno, tan íntimo.
Salí por allí, entré a un local que estaba abierto que parecía ser un maxi-kiosco, pedípasar al baño, y al abrir la puerta, encontré un baño, como todos, sin gente bailando. Satisfice mi necesidad, pero cuando abrí la puerta ya no estaba el negocio, miré y conocí ese lugar, era la casa de Josefa, mi vecina, me escapé sin que me vieran cuando me percaté que el sillón estaba mojado. Entré a mi casa, a mi baño, todo era normal, como siempre. Fui a mi habitación, abrí la puerta y allí estaba la gatita, el perro, mi esposo, y junto a él, una señora muy bella, de piyama y envuelta en sus brazos.
Yo podía explicar el olor a humo de cigarrillo, residuo de la fiesta; los pies fríos de correr en pantuflas, la policía golpeando la puerta por sospecha de irrumpir en la noche en casa ajena, pero él estaba con una señora en nuestra cama, que era igual que yo, que cuando se levantó, no me vio, fui ignorada totalmente por ella, que fue al baño y encontró allí un baño como todos, un jueves como todos, e hizo lo que todos: piz.
***
NATALIA ARTIGAS
Mi nombre es Natalia Artigas, Nate para los que me conocen íntimamente. Nací en 1981 y viví toda mi vida en general Rodríguez, donde crecí, me eduqué y conocí gente maravillosa.
Me desempeño como profesora de matemática en distintas escuelas de mi ciudad, pero mi mejor trabajo es ser madre de dos hermosas criaturas que pintaron mis días de arcoiris.
Hoy tengo 43 años. Podría decir que la mejor edad en la que puede estar una persona, pero aún me falta conocer el resto. Soy aficionada y amante de la escritura literaria, le doy a la palabra el valor de todas las cosas y disfruto creando historias, un poco reales un poco imaginadas, para darles vuelo.
"Amarcord" de Luis Cuadros Falla - Reseña de Aarón Vizcardo Delgado
Viajar en la memoria no consiste en regresar únicamente a nuestros recuerdos. También implica descubrir vacíos, grietas para imaginar cosas que no fueron o no pudieron ser, y, sin embargo, forman parte de nuestra identidad. Somos los que vemos, escuchamos, leemos, amamos, recordamos, lloramos y, sobre todo, aquello que somos capaces de imaginar. Pero ¿algunas vez hemos imaginado convivir con un muerto debajo de la cama? Uno que, de vez en cuando, se levanta, sale a caminar y vuelve únicamente para recordarnos lo difícil que puede ser no recordar el sabor del amor.
Luis Cuadros Falla nos presenta en Amarcord un poemario que dialoga desde su título con la emblemática figura de Fellini. Sin embargo, lejos de reproducir aquel universo, el autor construye una memoria propia. Una memoria que se desplaza y le da cuerpo al tiempo. Ciertamente el tiempo puede ser un inquilino en el segundo piso de la casa, podemos detenernos en la trayectoria de una bala que viene lenta y que, siguiendo las palabras del autor, es capaz de encapsular el perdón.Las imágenes no se detienen. A veces aparecen poetas azules frente al mar. A veces son <cuerpos enfermos envueltos en sábanas ardientes>. A veces una conversación posible con Jorge Eduardo Eielson. A veces el amor huyendo o caballos abriendo sus alas en las luces oxidadas de la tarde. Cada imagen nos permite prolongar el viaje, construir una experiencia de lectura que se aleja de definiciones y sentidos fijos.
El tiempo no puede conservarlo todo. Por eso, la memoria no solo se activa para recrear el pasado, sino también para volver a construirlo. En ese instante, la poesía vuelve sobre algunas de las preguntas que han acompañado al ser humano desde hace siglos. Quizás los hechos sean solo hechos mientras no busquemos otra forma de mirarlos. Leer a Luis Cuadros Falla es comprender que la memoria no regresa sola: vuelve acompañada de los mundos posibles que el lenguaje es capaz de abrir y de los paisajes que el tiempo termina por revelar.
Para conocer mas del autor:
Plataformas:
https://clubdeescritura.com/
Publicaciones digitales (free):
https://issuu.com/aukieditor/
https://issuu.com/aukieditor/
https://issuu.com/aukieditor/
Redes sociales:
https://www.facebook.com/luis.
https://www.instagram.com/
LUIS CUADROS FALLA
Manguaré
a Carlos Reyes
de la semilla
nace
la humeante
selva
y en el monte
hay un presagio
de aves
fulgurantes
quienes transitamos
por la misma orilla
divisamos detrás
de tus huesos
la corteza
del sol
que abrasa
los árboles
a las orillas
del río Tapiche
hay una
delgada línea
que separa
el ojo de agua
de las balsas
el nacimiento
de las líneas
dulces
de la trocha
en la profundidad
del bosque de arena
has trazado un diálogo
de pájaros nocturnos
hasta nosotros
ha llegado
como neblina
al alba
el brillo
del escarabajo
el olor
del majaz
la tristeza
de los peces
que añoran
el agua
transparente
en el cielo
se abren
playas transparentes
y las hormigas
cuentan una historia
que no nos pertenece
en el silencio
del aguajal
un dios eterno
sediento de piel
toca un manguaré
que nos anuncia
extraños amaneceres
en el último refugio
de nuestro linaje.
LUIS CUADROS FALLA
Poeta y periodista nacido en Lima, Perú en 1961. Activista cultural en Arequipa en la década del 90, en donde fue editor de publicaciones como El Tuturutu, El Elefante Asado, Maldoror, Arte y Herejía, La casa del del fin y Contraluz, entre otras. Ha publicado los libros de poesía: Nocturno (2000), La velocidad del amor (2004), El Abismo (2013), Cartas a Federico (2014) y Ámbar (2023). Ha sido incluido en la antología de poesía Voz Celestial, publicada por Ediciones Vicio Perpetuo Vicio Perfecto y Vallejo vuelve al Callao (Perú); y en las revistas Maestra Vida (Perú), Herederos del Kaos (San Francisco-Barcelona), Letras y Voces (México) y Noche Laberinto (Colombia).
YULEISY CRUZ LEZCANO
La enfermedad
Cuando se oculta
el olor azul de la madrugada
y apenas se ve
el leve trazo de la luna,
la línea errante de la memoria
se pasea
como un desnudo fantasma,
edifica miedos
deglutiendo palabras
dentro el cántaro
del blanquísimo cuerpo.
Como epígono errático
y blasfemo llega un grito,
se llenan los pasillos
con las últimas noticias
arrancadas a la vida
que tiembla por la muerte.
En la silueta de lo que huye,
manoseado por la espera,
se va acumulando
un silencio que intenta
aplaudir la vida
cuando la vida se acaba.
Alguien mira la vida
con paciencia,
hay muerte en la vida
aunque si no es llamada.
En el tronar de los huesos
la enfermedad es el puente
donde sale a pasear
la disnea erguida
donde el luto no la muerde.
El fantasma tendrá que caminar
todavía y todavía
para encontrar
el gusano que fabrica
la desaparición,
hurgando entre las profundidades.
***
Moriré en Italia
Moriré para sorprender
las malas noticias,
en un día que ya recuerdo.
Moriré en Italia con niebla,
en la largueza del cuerpo
y su impermanencia.
Ninguna imagen podrá impedir que sufra,
nada podrá reemplazar la vida
que estoy perdiendo.
El tiempo será el verdadero triunfo
sobre el deterioro de mí
que no escucha
el verbo creer
que no teme la muerte.
Moriré esperando
de convertirme en polvo,
tal vez sustrato
de mi propia historia.
Moriré acompañada
por un gusano extrajero
que fiel exprimirá el último zumo
y
mordiendo como un tigre
se llevará
lo que queda de mis huesos.
***
YULEISY CRUZ LEZCANO
Nació en la isla de Cuba el 13 marzo de 1973, vive en Marzabotto (Bolonia; Italia). La poeta emigró a Italia a la edad de 18 años, estudió en la Universidad de Bolonia y consiguió el título en “Ciencias enfermeristicas y obstetricia” consiguió, además, un segundo título en “Ciencias biológicas”. Trabaja en la salud pública.
Este año fue candidata al Premio Strega en Italia, con su último libro “Di un’altra voce sarà la paura”, que presentará en el Salone Internazionale del libro di Torino el 12 Mayo a las 12,30.
El libro ha sido presentado en la televisión de Estado de la República de San Marino, en Tele Granducato de Livorno, Toscana, en distintas estaciones radio: Radio Pop Napoli, Radio Nord Borealis, será presentado en la televisión en el programa de Andrea Villani Street Talk y al Festival del Del Borgo Antico di Bisceglie, que es unos de los festivales de literarios más importantes de Italia.
El misterio de escribir una historia distinta - Por César Bisso
La doble pena de volver a contarlo todo es una extraña sinopsis de sucesos vívidos y de agudas reflexiones sobre la creación que Pablo Queralt despliega en cada una de las páginas desde una búsqueda intencionalmente instintiva, como queriéndonos decir “aquí está lo que quiero decir, sin puntos ni comas”.
ALEJANDRO ZAPATA ESPINOSA
Cúntina
Morirla en pleamar o subconjunto
las ondas fallecientes en represa
cuenco del fondo lora
los pozos del gorjeo
la boca a la desaparición
del prófugo y su guisante
el croar tácito del colon
su minera axila en arpegio
desagüe y convecina mies
a lo hondo de lo afín
esa es el destete que ulula
el índice del viaje en concubinato
los trocadores que vengan
la cripta del pozo
glóbulo estallado
la costumbre de la mazorca
abriéndose en grita y en tallos secos
en la especie de lenguas
y lazo insecticida que inflige
el coco azul
la mosca madre.
Aguas Calientes, febrero 15 de 2026
***
Íntino
La trastienda para moscardones robados
cuéceme de remolinos en tejer vaso o grumo
la costera pare
que no es más un huésped
sino fanal y campanada
evidencia del gorgoteo por carburadores
una maña personera y los restrictivos loros
el totálico arrume de enseres
cancelaron la agenda y su repartidor
siempre en contra lo médano
la fauce en tapir
gusto de fabricantes y cucañas
donde nadie revele al negro José
el abierto portalón
la órbima del enclaustre.
El Carmen de Viboral, febrero 16 de 2026
***
Nolo
Pasta un grisero
la queja de la enamordada
arazón hermano
blotones de chocolate
dónde uno encaminarse el regaloso
frescuras de valle
invita a participar en la delánima
y contriste las alamenas
el vaserón lleno de clienques.
El Carmen de Viboral, febrero 16 de 2026
***
Abredura
Entorpece el resabio
una de las gangas maromas
y el silencio se enturbia
con el traquear
sobre las carnes del acopio
léxica y aguachenta
un pitido
y en la principal se desviven
arancelado más lo torero
llama para el candor de ingles
en toda la bramadura
que ofrece el litoral
y al mastín de los pacatos
las nueve no cierra sin propina
es menester buscarla
en los campales
o en la tierra que se llevó
la uña de una muleta.
El Carmen de Viboral, febrero 17 de 2026
***
ALEJANDRO ZAPATA ESPINOSA
(Itagüí, Colombia, 2002). Licenciado en Literatura y Lengua Castellana (Tecnológico de Antioquia) y maestrando en Educación (Universidad Santiago de Cali).Mentor de la Universidad EAFIT y miembro del Comité Editorial de Contacto Literario (Armenia, Colombia).
Ganador del Premio Mundial de Literatura Aldo Samuel Cavero Galimidi, Federación Mundial de las Artes, la Literatura, la Paz y la Cultura (Perú, 2025).
Blog Archivo Cantera:
FRANCISCO URREA PÉREZ
CHAMPÁN Y MORTAJA
En lunas de lobos grises
nos sabemos, cercanos y malditos,
en ese maltrecho desvarío,
donde libélulas de cianuras flamas
combustionan sangre emancipada.
***
COBRE
Congelado en tu grito
luces combativo
entre el acero y el ladrillo.
Inadvertido en tu existencia.
Glorificado en tu muerte.
¿Fuiste un coloso?
***
SECUESTRADO
Con el sol te sepultaron vivo
en las sombras de la nada.
Pronto cremarán tu recuerdo y las cenizas, sin alas,
te llevarán al olvido.
Del libro Sumario de olvido (2020)
***
LOS PASOS HUNDIDOS
Voy a entregar un epitafio a mi pecho
capaz de verter ahí sordas lejanías
Regar la soledad ya blanca
y florezca pronto el olvido
sobre el zaguán emplumado.
***
COMO UN FARO VESTIDO DE ETERNIDAD
Mella el paso
Encontrarme cara a cara con mi otro rostro
como si ese espejo mirase el paso ya anónimo
se deambula en las profundidades de los mismos ojos
de pronto francos y quizá marchitos
Son los ojos del otrora con la mirada traída del infinito
como muriéndose en el tajo de la arena.
***
SAINETE DE FIN DE AÑO
Las muertes de seres cercanos
fueron librando el sainete de fin de año
de los abrazos ociosos
con el presagio de ser el último abrazo
Y la muerte sigue y sigue abrazando
con su cruda verdad teñida de alborada
con su chapín ad portas del ocaso.
Del libro Grito de faro (2020)
***
FRANCISCO URREA PÉREZ
Escritor colombiano.Más de una veintena de obras componen su legado literario a la fecha.
Ha sido publicado en Europa y América Latina.
Es cofundador de Toská Editorial.
DIONY SCANDELA
YEI
Mateo seguía arrodillado ante la tumba de su esposa. El reverendo Fullerton leía unas líneas del Salmo 121; ambas figuras, como dos cactus en el desierto, parecían hacer juego con aquel camposanto del Arizona. La tarde trajo los recuerdos de una vida pasada llena de violencia: donde Mateo Estévez cumplió su rol de forajido del Viejo Oeste; junto a Bartolo «Apolión» Beans, líder de una peligrosa banda que violó, asesinó y exterminó condados en nombre del Mal. Fueron años sangrientos donde el hombre blanco y los pieles rojas sufrieron por igual.
Con la muerte de su esposa (a manos de Bartolo), Mateo Estévez buscó refugio en Dios, acercándose a la Iglesia Bautista del reverendo Horace Fullerton. El pastor, con algo de influencia en los tribunales redujo la pena de Mateo a dos años de servicio social. Barrer las calles, limpiar las oficinas de algunos diputados y cuidar las tierras del gobernador era mejor que pudrirse en una cárcel del Arizona.
Fullerton, quien veía en Mateo al hombre pecador en búsqueda de redención, se acordó de aquellos años antes de ser pastor en los que él mismo fue maleante también. Luego echo a mirar un montículo situado a pocos metros, parecía emitir ligeros destellos.
-A veces no entiendo, reverendo ¿Cómo Dios me libró de una vida de violencia quitándome a mi esposa?
El reverendo cerró su Biblia y miró al horizonte: una polvareda se veía.
-El Señor trabaja de formas muy misteriosas.
Mateo comenzó a llorar mientras sacaba de su chaleco una foto de su querida Brunilda. El sol se fue colocando naranja como despidiéndose de la llanura; Fullerton colocó su pálida mano en el hombre del mexicano. La herida seguía intacta.
-No solo tienes a Dios en tu vida, también tienes a un amigo, Mateo.
La polvareda en el horizonte traía seis siluetas. Seis jinetes, todos ellos hombres de Bartolo «Apolión» Beans. No habían olvidado vengar el acto de traición a la banda de maleantes: el haber renunciado a la violencia. Bartolo respondió con el asesinato de Brunilda Estévez; y todo el pueblo fue testigo de aquel suceso atroz.
«Treinta días han pasado desde que aconteció todo. Ahora han venido por mi cabeza» pensó Mateo.
A lo lejos, las campanas de la iglesia del pueblito anunciaban las seis de la tarde; Bartolo detuvo su cabello a escasos metros de Mateo y Fullerton. Los otros cinco jinetes daban vueltas alrededor del pastor y el mexicano. La banda estaba integrada por gringos y mexicanos, pero Bartolo era una mixtura entre USA y México; a pocos metros de la escena, el pequeño montículo que sobresalía de entre la arena parecía brillar de forma inusual. Antiguo lugar de rituales navajos, quienes adoraban a un misterioso dios lagarto. Un espíritu protector que muchos juraron ver de medianoche.
Bartolo bajo de su negro corcel. El rostro casi desfigurado, el bigote tupido y la nariz aguileña hacían juego con sus ojos azules; un enorme sombrero beige hacia juego con su gabardina negra. Esbozando una sonrisa que dejaba al descubierto tres dientes de oro:
-¡Maldito seas, Mateo! ¿Es verdad lo que están diciendo? Te estas refugiando en la iglesia, junto al pastor para librarte de mí. Cobarde malnacido.
Los otros miembros de la banda comenzaron a reír. Uno de ellos se acercó al reverendo Fullerton y lo golpeó con la escopeta.
-No veo a Dios ayudándole, pastor. Aquí en el Oeste no hay más Dios que Bartolo «Apolión» Beans.
El reverendo intentó levantarse pero Bartolo le asestó una patada en las costillas. Mateo seguía rodeado por los hombres del forajido; en aquella parte del Viejo Oeste era muy común ver relámpagos al caer la noche, pero Bartolo y sus hombres, tan paranoicos y supersticiosos se alarmaron al ver que la forma del rayo trazaba la letra «S» ¿Qué era aquello? Mateo Estévez tenía entre sus brazos a un inconsciente reverendo Fullerton. Sobrevivirá pensó.
Los hombres de Bartolo seguían idiotizados, observando el ocaso con relámpagos en forma de «S». Pero el líder, con ansias de matar a su antiguo matón, buscaba enlazar a Mateo como si fuera ganado.
Un pequeño movimiento sísmico y, de entre la tierra del desierto surgió un ejército de cadáveres vivientes: seres encorvados de rostros huesudos, piel lacerada y cubiertos de gusanos. Algunos con rostros desfigurados por impactos de balas; indios, vaqueros y forajidos así como víctimas inocentes caídas por manos de maleantes. Los hombres de Bartolo apenas pudieron sacar sus pistolas, pero la carnicería fue inevitable y la tierra recibió la sangre de los bandidos.
Mateo seguía con la cabeza gacha. Espantado, vio al único sobreviviente de aquel exterminio: Bartolo «Apolión» Beans. Petrificado como la mujer de Lot en la Biblia.
El desgraciado sostenía el revolver apuntando a un punto imaginario del horror. Como si buscara a tientas un digno adversario.
-Bartolo…-susurró un perturbado Mateo.
«Bartolo Beans» dijo una voz siniestra en la noche. El maleante subió a su caballo pero, el equino era ahora una negra y hórrida bestia de los infiernos; el criminal corrió en dirección al montículo. Desde allí profirió amenazas e injurias contra Mateo y el reverendo.
La voz susurró el nombre del criminal, posterior a un tétrico silbido. Entonces, con una brisa helada que movió hasta los cactus del desierto la noche fue testigo de otro evento:
Un grande y abominable lagarto surgió de entre el montículo (ese mismo que adoraban los navajos); la cuadrúpeda bestia tenía una enorme protuberancia en la espalda, era verde, escamosa y con la cabeza similar a la de un ternero. Mateo creyó escuchar a la bestia pronunciar el nombre de «Bartolo».
El forajido, con manos temblorosas disparó y falló. Los siguientes siete disparos parecieron hacerles cosquillas al lagarto; ágil como una serpiente fue hasta donde estaba Bartolo y le arrancó la cabeza, para luego convertirlo en su cena.
Los muertos vivientes regresaron a la tierra. El montículo abrió su boca y, el gran lagarto se hundió cual grillo de tierra, en las fauces de lo Desconocido. Mateo escuchó ocho campanadas en la iglesia del pueblo. Una brisa fría revolvía el polvo del Oeste; allí mismo el mexicano oró. Fullerton despertó y Mateo lo ayudó a levantarse, mientras observaban la luna llena que coronaba el cielo de Arizona escucharon un coro de indios navajos en la negra noche.
Lo cierto es que aquella noche fue testimonio para un sermón dominical: los lugareños decían que aquel suceso fue una venganza de los Yei, espíritus protectores de los navajos. Estos guardianes castigaban a quienes osaban profanar terrenos sagrados.
Pero el reverendo Fullerton y Mateo Estévez sabían que aquello fue algo más trascendente: la ira del Todopoderoso sobre aquellos que blasfemaban de su santo nombre. A semejanza de un castigo bíblico, y la muerte de Brunilda Estévez fue vengada de la manera más sobrenatural posible.
Arizona.1911
DIONY SCANDELA
Escritor aficionado nacido en Venezuela, el 3 de julio de 1993. Iniciado formalmente en la escritura con la novela "Perros de la Prehistoria", autor de varios cuentos y relatos, siendo los mas conocidos "Zorobabel", "Alienación", "La abominación desoladora" y "Al Dios no conocido"; reconoce en sus trabajos influencias de Jorge Luis Borges, Edgar Allan Poe, Horacio Quiroga y Dan Brown. Cristiano convencido, es fiel lector de la Biblia. Actualmente dirige la Revista Paladín, un fanzine dedicado a la literatura de género.




.jpg)




