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JUAN GOMEZ


I. Quebrar la racha

Habrías llegado así, entonando alguna antífona, con dos flores exhumadas y un jarrón deshecho.

No, muy poco que contar. Imposible descifrar la mancha de humedad del baño. El tapial aún rezuma una fragancia austera. Las hormigas son legión que arrasa, solo cumplen su rutina los jacintos.

Habrías llegado así, pura pompa, a hacer preguntas.

Nada que decir. El día es una sucesión de diferencias mínimas que acaba resolviendo en un continuo. Mirados desde lejos, los días son iguales a los días.

Pero no sucedió. Torcer el viento, quebrar la racha, quedará para otra vida. A todos los efectos, consideremos cumplido el protocolo.

***


II. Lo que no tiene nombre


La madrugada es una perra idiota y bella que él no ve. La realidad, ahora, es un cordel y una certeza. El mundo es un rumor lejano, lo habitan voces incomprensibles. Son veinte pasos nada más – el otoño anda en chancletas – o quizás treinta hasta la viga. Lo sigue el perro, pero tampoco entra en el cuadro. El viento aúlla disparates.


***


III. Esto, así.


Esta manera fragmentaria, entrecortada, hosca. Una palabra, o a lo sumo dos y no más. Media línea y cuando alumbra. Estos signos vacilantes, ciegos, agua entre los dedos. Este ejercicio reiterado e infecundo de rumiar siempre lo mismo, de maquillarse para salir a escena. Este empecinamiento de obrero. Esta esperanza, esta ilusión, este veneno. Esta rutina burocrática de marioneta infeliz, con sus hilos invisibles que la mueven. Esta pose, este jamás ser uno mismo, este ya no saber quién soy ni adónde pertenezco.

***


IV. Poder


Podría haber huido, haber resuelto un viaje intempestivo a coordenadas inexistentes. Podría no parpadear – el ojo, sin el vaivén de la pestaña, adquiere la dureza de una piedra y de las piedras, ya se sabe, la mordedura y la succión no devuelven, ni en mil años, savia, sangre, piel

– O, por la costumbre de no mirar de frente, no mirar. O entumecerte el pensamiento con discursos. Podría haber gritado no me mates. Pero, ¿sabés?, estoy cansada, voy a ofrecerte el flanco izquierdo. Me desabrocho la camisa, inclino treinta grados la cabeza, percibo el vaho turbio, adivino tu incisivo y me abandono al dolor mientras sueño que soy libre.

(La rata, última carta a la anaconda encontrada en la mesita de luz)

***


María de los Milagros


Esa forma de partir que tiene el tiempo, de dislocarse en caras, en lugares, en momentos, de diluirse en baratijas de alto precio – minucias de la vida, yo qué sé, un apretón, un beso, aquella medallita despintada, ¿te acordás? – acabó por convertirte en sal, en yeso. Al cabo, caminar era perder a cada paso un miembro.

Fantasma de los puentes, suburbio fuera de órbita, por fin tu eje descentrado se partió y no hubo fuerza, María de los Milagros, virgen precoz, viuda de vos misma, ni ruego, ni infusión, que logre desposarte con la suerte.

Yuxtapongamos a la errancia una fe ínfima y qué nos queda: una pasión cada vez más desganada, esa falta de histamina y la ictericia. Feo, María de los Milagros, deslucido, el baile tuyo aquel, con el sapo tuerto. 

¿Y ahora? Desvirtuadas las verdades, disminuidas la pulsión, el intelecto, ¿adónde ir?, ¿rumiando qué, qué verbo?

¡María de los Milagros que no advienen, si el trompo gira loco no desentonemos! Vayamos de la mano de un enano y un bufón a ver salir el sol entre las cuatro paredes de un hospicio, consigamos un retrete de madera y orinemos dentaduras de oro y plata que la épica ya nos va quedando lejos.

Y si en un recodo de los años que subsisten se nos da por preguntar qué significa todo esto; si una luz, una emoción, una piedad, un sueño, asoman, ¡asesinémoslo! Yo llevo, oculta y presta, por si me asaltara un reblandecimiento, una garra adscripta al pecho. Aquí, ¿la ves?, en el costado izquierdo. Ahoga un poco a veces, pero no duele. Ya no. Tendrás la tuya, también.

Paciencia, ya llegará tu tiempo. Y la usarás, seguro. No otra cosa nos queda para defendernos, que una garra de gorila adherida a la garganta o al pecho.

***


I.

Signos


Ni la mirada estéril ni el veto intempestivo a las ventanas

y a los pájaros. Ni haber ungido así, sin avisar,

el silencio más atroz. Fue el modo

en que depositó sobre la mesa aquel objeto trivial

lo que nos hizo saber que algo, tan inconcebible como cierto,

tan inasible como real,

algo como una garra o la túnica de un ángel, lo rozaba

una vez más.


Que no sepas cómo fue ni quién lo hizo.

Que no tenga sentido ni razón. Que el viento

que arrastra bolsas, hojas, gente, te deposite a vos también

allá, en el lugar exacto de la incertidumbre. Que el estupor

marque el camino y el ritmo. Pero que una parte de vos

esté despierta cuando vengan a explicarte

la forma inexplicable de una nube.


II.


Impromptu del laurel


Primero tiemblo. Las venas lo adivinan:


en un espasmo de furor acude el zumo. Arrasa.

Sube por el pecíolo hasta el ápice y desde allí

derrama. Por la nervadura central viaja la savia,

vena a vena, hasta los márgenes.


Entonces sí, redonda, llena, me deshojo.

Me transfiguro en dulzor,

rocío, insecto, luz.

Pero antes tiemblo.


Si la ictericia del final, la rigidez, el quiebre;

si de la corrupción al átomo sin nombre

o la inverificable promesa de volver me turban,

primero tiemblo.


Después olvido. Yo no guardo la memoria para mí,

la siembro. Una papa y tres papines me enseñaron el vaivén

del tiempo. Y a mentir, un guijarro icosaedro.


Igual que el mono aquel - ese animal fallido –

busqué una vez decir, pero no pude.

No me arrepiento. Me aboco a mi silencio y tiemblo.



III. 


Otro poema de amor


Yo, el último licántropo,

harto de vagar y de esconderme,

sucio de gramillas,

herido por todas

las zarzas de los montes,


inclinada la testuz,

hundido el rabo,

ceñido de hambre

y de sed pleno,


falto ya de ideas,

huero de esperanzas

vengo ante ustedes,


a que laven cada mácula,

perfumen cada hedor

y latiguen

cada una de las muertes

que les di.


Descarguen sobre mí

todo su odio

– yo ya del mío me vacié,

demasiado tambalear de tanto lastre –


Recíbanme a morir.

Quiero acabar desnudo

de culpas y,

si se pudiera,

recuperar mi estatuto

de hijo vuestro.


¡Oh, víctimas mías,

infelices a los que evisceré!

Recordaré sus rostros,

sus despojos,

aullaré cada uno de sus nombres.


Rezar no sé,

implorar no puedo,

pero el último aullido que libere

no será por mí, lo juro,

será por sus almas

por toda esa carne lacerada

– tanta pasión inútil, tanta saña –


Declaro en mi defensa:


ni yo ni los míos


jamás hemos comido carne humana

– las objeciones que formulo

son estrictamente gastronómicas –

Pero todos, hasta el perro, nos saciamos de la luna.


Y en mi contra:


era yo el que robaba los malvones,


yo, quien arranqué

uno a uno cada tallo

– la soledad, amigos, de un licántropo,

es la de un muerto,

si no fuera por las flores… –


Y la luna, ¡ah, la luna,

esa maldita enamorada!

que nos deja hambrientos, siempre,

desguarnecidos al amor

y solos.


***


IV. Casi tres haikus


1.

No lo creerías:

las dos mitades

del perro atropellado

siguen ladrando.


2.

El viejo Lucio

duerme, su pata tiembla

sueña que ladra


3.

Un día azul.

Un ave, a contraviento,

no acierta el vuelo.


***


Juan Gomez

Aunque siempre le gustó escribir (y más aún leer) comenzó a animarse a publicar desde hace
muy poco, después de asistir a talleres de lectura y escritura. Publicó ensayos y ficciones en
revistas universitarias de Colombia ("Cazamoscas", de la Universidad de Caldas y "Vertientes"
de la Universidad Tecnológica de Pereira) y de CABA, Argentina ("Realidades y Ficciones")
Recibió un par de menciones en concursos de escritura.
Es músico (Bach y el barroco, Heitor Villa- Lobos y el naturalismo sudamericano, por citar a
algunos)
Actualmente reside en Rojas (Pcia. de Buenos Aires)

VALENTINA MARZULLI


LA LUNA AZUL


Una vida se transforma

evoluciona

enriqueciéndose siempre

de nuevos significados.

Caminos que antes no existían

parecen ahora la única vía posible.

Rostros que creíamos

que nunca olvidaríamos

adquieren

en nuestra mente

la apariencia borrosa

de un sueño.

Los recuerdos nos mantienen

atados al pasado

mientras cada parte

de nuestro ser

se extiende hacia

el mañana.

La incertidumbre es nuestra

condición de reposo.Cada intento

de dominar el caos

que nos gobierna

destinado a fracasar.

Hay que aprendera vivir en equilibrio

entre ideales de gloria

que nos quieren libres

y demonios

que nos asaltan.

Y además aprender

de la montaña la calma,

del río que fluye

a dejar ir,

de la tormenta la fuerza,

de las olas del mara saber regresar.

Hay que aprender

a amarse,

a morir cada día,

para renacer en un nuevo latido,

para brillar en la oscuridad

como esta luna azul

que esta noche besa a Saturno.


***


MANIFIESTO


Vivir,cada día,con la audacia

de quien desafía al destino,

con la determinación

de quien no se conforma,

con la esperanza

de quien quiere cambiar el mundo.

Vivir,cada día,con la gracia

de una mariposa que danza,

con gentileza y compasión,

con humildad y apertura mental,

con integridad,

respeto y valor.


Vivir,

cada día,

con la sabiduría

de un viejo sabio,

en armonía con el corazón,

con gratitud

por todo lo que nos toca,

con confianza, 

ligereza y amor.


Vivir,

cada día,

con una meta

siempre presente,con coraje y dirección,para honrar nuestros ideales,

nuestros sueños

y nuestras pasiones.


Vivir,

cada día,

en conexión

con el universo.Sentirse uno

y a la vez parte del todo,

dejarse inspirar

por lo que es diverso.


Vivir,

cada día,

por si mismo,

consigo mismo,

más allá de sí mismo.


***


LUZ


Es necesario irse,

perderse y dispersarse

en el mundo,

como nos enseña el viento,

como nos enseña el mar.


Es necesario irse,

para reconectarse consigo mismo,

para redescubrirse más fuerte,

para aprender a amarse

y a amar.


Y como olas

también hay que aprender

a regresar.

Y aprender

a sentirse,

a respirarse,

a acariciarse,

sin herir

el cuerpo,

el alma,

el corazón.


Hay que aprender

a quedarse,

como las estrellas,

más fuerte a brillar.

Y derribar muros

con una sola mirada,

con una sonrisa

hacer nacer el sol.

***


VALENTINA MARZULLI

(Taranto, Italia, 1990) es poeta y autora. Ingeniera civil de formación,vive en Alemania, donde ha realizado actividades académicas e investigaciones científicas en el campo de los materiales granulares para aplicaciones ISRU (In-Situ Resource Utilization)relacionadas con futuras misiones lunares. Actualmente estudia Lenguas y Traducción(alemán e inglés).Ha publicado las colecciones poéticas Divenire (2023) y Anche su Marte crescono i fiori(2024), ambas con Eretica Edizioni. Es creadora del blog Lady Margot Stories, un espacio dedicado a la escritura poética y la reexión literaria.Su poesía explora la experiencia femenina, la memoria, la muerte y el renacimiento, con especial atención a la voz de las mujeres del Sur de Italia —su tierra natal— y a los procesos de transformación interior. Sus textos entrelazan simbolismo, autobiografía y paisaje, en constante conexión con la naturaleza. A veces emplea el lenguaje científico para abordar poéticamente temas universales como el amor y la pérdida.Sus obras han sido reseñadas en LA’ltrove – Appunti di poesia, el portal Poetese Donne, y en otras revistas y blogs italianos e internacionales.


Sitio web: www.ladymargotstories.com

Instagram: @ladymargotstories

Correo: ladymargotspace@gmail.com


YUSMILA ROMERO

 

Gesto en ruinas                                             

I

Mi lugar anhelado no ha encontrado otra voz.

Rompo las galeras yertas del silencio,

derrumbo otra historia tras la brisa del hoy.

Apuro a tu cielo en la ausencia del agua,

advierto en tu mirada, otra sombra dormida.


Releo en tu nombre, de silueta cansada,

pausas en destellos, sinuosa invitación;

presunto consabido, habitando en cadenas

condenado en la ardiente, promesa una ilusión.


Desnuda de soledad al borde del camino,

sobre manos aladas, aprisiono el dolor.

Desandando el silencio, testigo de mi ausencia

reanudo mi sentencia, apuro a la razón.


Otros pasos resguardan paisajes otoñales,

las fronteras del cuerpo, ondean de estupor.

La sal de tu semblanza, la arena de tu nombre

la hora maldecida, tras la huella del hoy.


En tu barca una estela, deshojando la vida

circundo una certeza, habito un corazón.

Mis vestiduras son el tiempo rendido de inocencia,

verdugo sigiloso, aquilata mi amor.


II

Si la ínfima parte de mi pudiera contarse,

escogería gemir por la garganta ahogada del pez.

Resucitaría en el viento tu lejanía cansada,

descubriría en el pájaro la melodía afilada del olvido.

Cruzaría mi cielo para despertar la verdad.


III

Me diluyo en mi nombre

porque me estrello en el tiempo.

He transitado por el velo de la esperanza

y hoy acudo a ti.


Tú amas lo que no sé…

y ya me he cansado de despertar.


Trémula rondo el llanto,

de impávida lejanía me estremezco.

Ojala no adviertas la verdad y te vayas…

renegando espacios…, o implorando el deseo.


Encontrarte he callado despacio,

difumino el beso guardado sobre el atardecer.

Mi abrazo es el alba…

y esta noche se ha marchado,

durante los ojos del olvido.


IV

La sorpresa cotidiana embriaga mi sombra.

¿Dónde habré extraviado el camino?


Descanso como cualquier mortal,

lejos del cielo…

Aún no sé…, de dónde viene la lágrima.

Ya se han perdido los espacios…


Acostada como trepando el mundo,

sumerjo un peso enmudecido.

Vienen impidiendo romper la tempestad,

¿habrá transcurrido una semejanza donde anida el sueño?


V

El intento de matarme ha sido claro…

Como un despertar, he nacido en tus besos alguna vez…

soslayando la despiadada certeza.


Hay manos que prenden el silencio,

y yo habituada de ánimos,

repongo la hora que se quiebra en tu remanso.


VI 

Somos papeles que se van

Llueve en mi pecho y en tu reloj…

Como si la espesa niebla

reflejara tersa el rumor.

Yo soy el tiempo… sueño y

la siguiente latitud…


VII

Si he dejado aun atrás y alguna vez…

y desde mi ventana no escucho el canto…

Si al regresar de la vida,

he logrado perder lo que me diste…

Has debido jugar a quedarte,

a desandar sobre el tieso y lento desastre de mi pobre razón…

incauta, presa y alguna vez resuelta a olvidar.


VIII

Mis velas se espuman tras los sueños

tardo lo que un beso en devolver el asombro,

todas las incertidumbres impiden la aurora,

y aún resuelvo regresar.


IX

En mis noches distraigo la ausencia del cuento,

rozo en cadenas a un cielo callado.

Perdida de sueños habito al reloj;

esos puntos de luz…,

solo gritan debiendo eternidad.


Tu silencio se parece al recuerdo…

lejano o confeso atisbo.

En pálida conjunción…, sombras y rayos de luna.


X

Desde el espejo atrapo

toda la distancia en la que muero;

se ha repetido en una bondad más mi suerte.


Algunos días parecen regresar,

solo el suspiro es certero,

avisando sobre mi paso lento.


XI 

Aguas de los mundos,

agitadas sobre los caminos cansados del hoy…

repartida en luz de olvidos.


Derrama tu sinuosa verdad

y encuéntrame alguna vez despierta…


XII

No me digas amor, si no sanas tu tiempo…

Voy guardada en tu sed, de inmortales afanes.

Rúbrica es tu boca, mordaza del recuerdo.

Hoy persiste la hora

y he convidado a la ausencia de otra eternidad.

Desnuda para el viaje…

comulga un sueño de lluvia, plácido sobre el templo.

Vivo tras la verdad, del olvido que ha callado despacio.


XIII

Camino torpemente sobre el silencio que respiro.

Hiendo mi silueta como si la luna me crucificara en el polvo.

Atenúo la aurora de paso a mi ventana.

Querías encontrarme aliviando el tiempo.

Para olvidos presté mi estancia…

Te recordé… tensando mi verdad.


XIV

Lo que sirve es lo que pasa,

o se va o quiere embaucarnos;

es la sinuosa calma con que abro mi ventana

y derramo el silencio.


Incrustando sobre otra noche un desvelo

que invita mi asombro,

que me condena detrás de cada esperanza

sin el abrazo callado,

que ha tropezado en unos ojos de olvido,

hoy llenos de luz.



XV

Mis días se parecen a tu hora absurda,

he despertado pálida sobre la voz del silencio.

Los ayeres del mundo, destilan adioses hilvanados.

Mientras, el tiempo parece besar… aún mi sola frente.



XVI

Que tan perdida está la aurora,

que ha trasnochado al llanto?

Sin tu estela se pliega otra luz.


Noche sin auras y sin nombres…

de notas…, ribetes nostálgicos de las huestes.

Tónicas desechas y súplicas que pasan,

Sobre la distancia llevándose otra página.


XVII

Sí que me has puesto en busca de tu luz,

inalcanzable y certera.

Aquilatando el juicio entre mis manos,

Desvariando la razón y suspirando al viento.


Yerta de mí,

despojo hasta la dicha que enciende el tiempo,

raído…

como si en ti fuera siendo repartido el sueño

y la constelación que espera.


XVIII

Me he sumergido en tu voz,

poso mi vela nocturna

como si la brisa esculpiera alguna razón.


La calma me contempla.

Mientras, desierta de horrores…

me nombro y deslizo sobre agujas del reloj.



XIX

Las rosas de mi amor han vuelto solas

¿Donde hallarlas sin tu piel?

La brisa despierta en la ausencia tu nombre,

guardado… como se derrama el tiempo.



XX

Si te pudieras esperar que olvide…

¿desearías tú?

Cuando llegado el momento te vuelvas olvido.

Puedes trastocar el misterio en verdad;

logras acallar la sombra del amor,

juegas a pasar…

Tal vez sea yo el futuro en otra parte.



XXI

Sé que has andado viviendo,

como si pudieses dejarme los vagos trazos de sombras

y alguna rudimentaria forma que atraviesa las miradas,

en busca de ti.


XXII

El blanquecino cielo de la estancia

se pierde en una voz.

La tierra ha ablandado mi noche

y ya la calma no estruja una sed.

Mi verdad se ha escondi

do en años

y amontonado en deseos dispersos…

como hiende el tiempo cierta brevedad de amor.


XXIII

Te siento demasiado cerca para mi hora,

demasiado dentro para mis manos,

demasiado lejos para el silencio.


YUSMILA ROMERO 

Escritora y docente cubana. Graduada de nivel medio como profesora de asignaturas teórico - musicales. Graduada de nivel superior en composición musical en la Universidad de las Artes de La

Ha impartido la docencia en el conservatorio de música, en la clase de análisis musical.

Ha realizado diversas funciones como especialista y Jefa de Dpto. en Instituciones Culturales pertenecientes a la música de concierto del Ministerio de Cultura de Cuba. Ha organizando y participando en diferentes eventos (festivales, concursos, simposios y talleres) de alcance nacional e internacional vinculados a la música de concierto. Ha integrado jurados con músico profesionales de diversas especialidades y formado parte en concursos de música infantil. Ha participado con los grupos de trabajo para el desarrollo de la música, sinfónica, coral y de cámara, así como ha realizado múltiples asesoramientos y atendido durante más de diez años el catálogo de excelencia del Centro Nacional de la Música de Concierto.

Desde pequeña mostró su inclinación por la música y las letras, llevando ambos caminos en su quehacer artístico. La poesía caracteriza su creación literaria partiendo de una expresión emotiva y lírica que vigoriza, desde la experiencia más entrañable.