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DANIEL QUINTERO

El poeta escribe para el hallazgo
para que se sepa
qué ilusión lo abandona
a qué defecto le rinde su caos
escribe y se nota su aparición
manía de letra remendada
la prepotencia de su verbo
el fanatismo con el que incita
a todos a que vivan
a que no se dejen atropellar por la noche

el poeta escribe para que descubran
su obsesión
para que limpien la mugre
que deja a los costados
sin más naturaleza
sin otro estorbo que la propia muerte

el poeta escribe de un solo plagio
sobre el papel de corrido
el reflejo de toda su inmundicia.


//////

Tuve un puñal
un amanecer
una flor que cuidar

sangraba a punto
en horario
de mi uso
en Greenwich

de reloj en reloj
toda la arena del desierto

tuve un deceso 
un salvoconducto
un enterrador
esperándome

polvo tras polvo
de donde viene la vida
de donde se vuelve a la muerte

tuve rencor 
fantasmas
promesas que no cumplí
que jamás cumpliré

y ahora en esta edad
soy un niño más 
amigándose con los enterradores. 


//////

Nadie puede trocar la piedra en oro
ni hacer que un asesino se apiade de la víctima.
Oscar R F García

Puesto en pasión
con la euforia o el arrepentimiento
de haber amado
o matado;

que el mismo rigor alcance
para un beso
o una bala.

Morir de orgasmo o de gangrena
de cirrosis o de olvido.

Morir de un tiro en la frente
o una lágrima en el pecho.

Despertar en un fondo húmedo
y confundir sábana con mortaja,
sangre con ternura.

Voy a la guerra como voy al amor
con las mismas ganas de romperlo todo.

*Pruebas de Galera 

///////


Huésped

Me habita una mujer 
que sobreampara con su fe la ilusión de la poesía 
cuando me pide que haga de sangre
en vez de mi palabra en su piel.

Me habita y sobrevive,
Indica con su fuego
todas las maneras que la noche 
tiene para dañarme,
desdobla el cielo y se alborota,
cualquier mañana tomará de las nubes
alguna forma de humo donde sanarme.

La mujer que me habita llora de tarde
inciertas penas de papeles sueltos,
hace de su corazón el verbo, 
malgasta su estrofa de festejos temblorosos.

Se calza mis tendones como abrigo,
mi cansada osamenta, se mete en mis vísceras, 
se hace mezcla circular 
de mi desgastada anatomía.
Ella es religión y ciencia, se instala debajo 
de la cáscara que le ofrezco
para que tenga de qué olvidarse;
toda ella es pudor de su miedo en alza,
toda ella la más vida de la raza que llevo
y perfora desmesurada 
con su intención de amarme;
es el va y viene de la sal sobre la playa,
espiral de arena su nácar el caracol de la ternura.

La mujer me habita y canta,
canta y consagra su Luna en la selva,
invaden sus pasos mi infierno de trapo,
la mujer que me habita
es el dolor breve de la luz al acecho,
enigma convenientemente descifrable,
ensayo de su disconformidad anticipada.

Me habita una mujer y sabe
jugada en mi carne,
introducida en el cerco 
de ansiedad que le ofrezco
que es todo lo que le falta a la muerte
para ser perfecta.


///

Partitura

El tiempo guardó la venganza predecible de este agujero.
Armó de las fauces a desgano su rápida intriga de melodía fatal,
llega entre la peste y los demonios quietos
que casi nunca saben, a la vista de la muerte,
mantenerse callados por respeto a tanto despojo.

La angustia construye desde la carroña
su propio lienzo y estalla en sí
con el fuego su prédica constante.

Molestan las moscas
pero el perfume de la fruta podrida se soporta bien.

*SIGNOS Sobre el Jardín de las delicias 

//////

Me puse a levantar puentes
yo que no sé nada de ríos

también a cortar diamantes
que no sé nada de cuchillos

a escribir cartas de amor
yo que no sé nada de escaleras

me puse a construir barcos
que de lo único que conozco 
es del champán para el bautismo

me puse a levantar casas
que nada sé de resguardos 

otras veces a hacer pan
que no sé nada de espigas

me puse a destilar whisky
yo que apenas puedo
soplar y hacer botellas

me puse a tocar música
que no conozco de silencios

tampoco a hacer fotografía 
que nada sé ni de luz ni de sombra 

me puse a fabricar aviones
/de papel
yo que no sé nada de poesía. 


/////

Una de las peores cosas
que hice fue elegir 
este oficio que me salvó la vida

hubiera perecido entre disparos
de eminencias de la palabra 
pero sobreviví a tanto engaño
considerando que soy un hijo
de la hoja en blanco

fue mi útero y placenta 
después de que mi madre
me arrojara a los brazos del mundo
para aprender a mentir

mentir en definitiva 
también un poco 
me salvó al menos 
de los francotiradores 
de verbos irregulares 

y ahora qué hacer
con toda esta piedra encima
que se hunde conmigo 
pero terminará flotando
porque el poema es así 
como la mano que se esconde. 

DANIEL QUINTERO 

Bs. As. 1959. En 1987 se radica en Tierra del Fuego. Regresa a Buenos Aires en 1994. 

Funda el sello Ediciones Parque Chas 

Participaciones literarias en Argentina, Uruguay, Chile, Ecuador, Cuba, Bolivia, España, EE.UU. Japón, México, Nepal, Camerún, Serbia


Algunas de sus publicaciones:

-.“Después de una larga noche” Amaru Agosto 1986 

-.II Antología de Escritores Fueguinos. Marzo 1989. Ushuaia-Tierra del Fuego. 

-.“El Extranjero y el hechizo en la ciudad de la bahía”. Poemario, Ushuaia.1990. 

-.“Poesía Patagónica” Antología autores varios. Neuquén, Abril 1990. 

-.“Cementerio de Payasos”, Parque Chas Ediciones, Buenos Aires, 1997 

-.“Literatura Fueguina 19975 1995 Panorama”, Roberto Santana, Ushuaia, Tierra del Fuego, 1998 

-.“Cantando en la casa del viento” antología literaria de Tierra del Fuego, Nini Bernardello, 2001 

-.”Inusual” Parque Chas Ediciones, Buenos Aires, 2013 

-.”Cotillón” Villa María Córdoba 2015

-.”0 Killed” Textos Intrusos Buenos Aires 2016.

-.”SIGNOS /sobre El Jardín de las delicias/ Textosintrusos Buenos Aires 2018

-."Malvinas poesía" 2022

ANA ROMANO


Desamordaza

e

hilvana luego

vocablos

que

en la intimidad de

los recovecos

templan la oscuridad.


***



Cincela los espacios

el silencio


Por las rendijas

suplica

en la noche.


***



Audaces


En las esferas

yuxtapuestos hologramas

enmascaran 


Los audaces horadan los calderos

y entre los maizales

despunta el hechizo.


***



C


Indulgentes 

                   conceden 

Enguantadas

                     convalidan

eclipsadas

                 consagraciones.


***



Malena


Desalentado 

un cigarrillo


Aisladas en el jardín

las margaritas


Compromete el parpadeo

la confesión

 

Frases huecas cuestionan

lo que dura


A hurtadillas Malena

mastica escarabajos.


***


Tomás



Festejan

la indiferencia, los ojos

el mecimiento de las campanitas


La noche se ovilla

en los huecos


Tomás

deletrea 

ancestrales plegarias.

***


ANA ROMANO

(1944). Es escritora y profesora de francés, vive en la Ciudad de Buenos Aires, Argentina. Recientemente publicó de manera digital su último libro “Efímero silencio” editado por Luis Rico Chávez del blog Agora. También ha publicado 4 libros de poemas: “De los insolentes fantasmas” (Ediciones Vela al Viento, 2010), “Expiación del antifaz” (Ediciones La Luna Que, 2014), “Zumbido de guirnaldas” (Ediciones La Luna Que, 2016) y “El Alfil rojo” (Ediciones La Luna Que, 2019), que se difunden en distintos sitios literarios.

DESLIZARSE EN SENSACIONES por Iván Quezada. Chile 🇨🇱


ME LLAMAN NIEBLA, de Isabel Gómez (Editorial Cuarto Propio, 2024), es un libro compacto en todos los sentidos, a pesar del título: la autora ha descubierto su identidad ancestral a través de un idioma, paradójicamente, nada de autóctono como es el castellano y todo lo que declara en verso, desde ese instante, confluye hacia ese núcleo original. Su sentimiento es elegíaco, ya que la historia aludida no tiene nada de épica o celebérrima.  

Todo el libro es, realidad, un solo poema. Subdividido con páginas en blanco entremedio o con poemas breves, de tres o cuatro versos, que, como en una partitura musical, indican pausas e invitan al silencio. El ánimo de la autora serpentea por este laberinto que no corresponde a ningún plan, surge a medida que escribe. No es ideológico y por eso el sentimiento jamás se exalta, sino que suma matices de la melancolía, desde la meditación a un lamento distante.

Es inevitable que esta tonalidad se resuelva, de pronto, en imágenes, motivos o temas herméticos. Cuanto más profundamente se interna la espiral, las formas reconocibles se convierten en otras que generalmente están más allá de las capacidades de la metáfora. Pero la poeta no se tienta o resigna a la depresión, sino que, al detectar el trance descrito, se reafirma al identificarse con el paisaje y la naturaleza chilenos, además de la historia del país y de sus propios antepasados.

De modo que no es una letanía el sonido que se desenvuelve, a pesar de su semejanza. El cimiento o mito (en el sentido de Cesare Pavese) sobre el que se levanta es la memoria, pero con el cuidado de no confundirla con el recuerdo. La memoria no es nostalgia o añoranza, que no son sino recursos para apelar a ella o entreverla, pero están lejos de constituir su ser. Como parece que la memoria es en sí misma inefable (por tal motivo la tendencia a definirla por lo que no es), resulta conveniente expresarla con imágenes generales (ríos, bosques, tierra, cordilleras). ¿La memoria es todo y nada? Sin duda es una realidad que desafía las mediciones.

Pero el tema del libro no es las limitaciones del lenguaje. Se desplaza por territorios más íntimos, por una soledad que no alecciona, sino que se remite a describir, a mostrar. La identidad no es simplemente una proclama, una imagen estática que luego puede convertirse en una bandera. Es un camino que se va angostando, pero es vital y colectivo, no termina con la muerte de una persona, sino que se prolonga en una posta que se extiende hacia el pasado y el futuro. Por lo mismo, la autora escribe sin apuro, con la convicción de que todo lo perdido se recuperará.

Visto con frialdad, uno podría concluir que el libro plantea una teoría anatómica de la memoria. Como es natural, valiéndose de metáforas y recuerdos. Pero los sentimientos son parte de esta alquimia, de manera que es más correcto hablar de una fisonomía, ya que esta palabra, al usarse habitualmente en el arte pictórico y en el dibujo, posee un valor alegórico. Para «correr el tupido velo» y alcanzar la intensidad personal cifrada en esta colección de versos y murmullos, es imprescindible conservar cierta inmutabilidad emocional durante la lectura y también después de ella. La memoria no es un efecto, un darse cuenta de nada. Es lo que permanece per se, aunque sea invisible e imperceptible en la suma de nuestros días, del primero al último.

Nada mejor que un ejemplo para aclarar el punto:


La memoria intenta ocultarse

sabe que pronto envejecerá

sin follaje ni ruta de lágrimas


La tierra nos enseña el camino

para volver a encontrarnos.


Como es ostensible, Isabel Gómez imposta la voz de un sueño, como hablando desde el trasnoche de la muerte. Más allá de nuestra experiencia terrenal, lo sobremos todo... Naturalmente, su juego de luces y sombras no se erige como una religión o un dogma. Es una pieza más en su tablero de ajedrez, su movimiento se asemeja al del alfil, perpendicular u oblicuo; por los ángulos que deja en la superficie, vamos anudando los eslabones perdidos de la memoria.


BERENICE CINGOLANI DUGHERA


Pristina
noche,
cierras
nieblas
matutinas.

Arrebatas
sentidos
y alumbras
emociones. 

Calmas
razones, 
claman
corazones. 

¿Anuncia
el alba
un despertar
u otra vez, 
la densa
obnubilación?


Cuando 
el cielo
se enciende, 
¿nos apagamos? 

El amanecer, 
¿nos ilumina
o nos ciega? 

La duda, 
sublime
duda, 
nos humaniza, 
siempre, 
siempre
que no
la amordacemos
con verdades
de piedra. 

Fatuo 
traje
la certeza 
es. 

Ay de aquellos
que osan
despojarse, 
despojarse, 
liberarse, 
liberarse,
hasta 
de sí 
mismos.

***



Escalofríos
de cálidas brisas
avivan 
fuegos dormidos. 

Rosas
sin espinas
rozan 
la piel. 

Labios de miel
emergen
de pesadas nieblas. 

Besa
mis manos
sin herirlas;
dibuja
mis labios
con tu sabor.

***


Otoño, 
que despojas
de amores
y desamores, 
de pasiones
y dolores, 
de enigmas
y verdades, 
de pasados
y futuros, 
de compañías, 
pero jamás, 
jamás, 
de soledades;
no arrebates
por favor
esos refugios, 
no niegues
la ingravidez, 
no mates
los vacíos, 
no quites
los abrazos
del silencio, 
no cierres
el alma
a los cálidos
amantes etéreos
que alumbran
tardíos despertares, 
no amordaces
poetas, 
no seques 
las resinas
de los arcos.

***


El dolor
la pasión 
restituyó. 

Frente 
al desamparo, 
el alma
refugio
es. 

En el repliegue
sangran, 
desagran 
y se lavan
tajos. 

Silencio, 
silencio, 
prístino
silencio;
en el lecho 
del Baikal, 
silencio
que es
encuentro. 

Tanto
despojo, 
sólo 
esencia
deja. 

Los besos
del sándalo
resbalando 
del filo
del hacha.

***


Y vagaba 
por las sórdidas callejuelas, 
de humanidad despojadas, 
con el agobio de la existencia
y el desánimo 
que da la indiferencia, 
lacerado por un destino vil
y la quimera de la libertad 
rumiando su estómago vacío, 
desbordando la mirada
rara vez mirada.

***


Cae 
la noche
en un otoño
que permiso
no pide; 
mucho menos, 
perdón. 

Niebla
ahoga
reminiscencias
de amigas
ya partidas. 

Los ocres
nos recuerdan
que todo
muere.



Berenice Cingolani Dughera

Poeta (1986) nació en la localidad de María Susana, provincia de Santa Fe. Desde hace poco más de dos décadas reside en la ciudad de Rosario.

Ha resultado galardonada en el Primer Concurso Olímpico “Deporte y Literatura" organizado por el Comité Olímpico Internacional y su Comisión de Cultura y Educación Olímpica en el año 2004. 

El 20 de julio de 2001 el Diario La Capital de Rosario incluyó, en su sección Cartas de los Lectores, "Más interrogantes sin respuestas" de su autoría. 

Ha escrito un relato en coautoría publicado en el libro “Memorias del Pasado del Departamento San Martín - Una Recopilación de Hechos, Anécdotas, Costumbres y Personajes”.

Su formación es jurídica. Actualmente cursa la Licenciatura en Corretaje Inmobiliario en la UNR.

ANA ROMANO

En el espejo


Alumbro huellas

y escarbo sombras

en el espejo

simulado

de un holograma.

***


Lola


El deletreo devora su cabeza

y apesadumbrado

rebobina reglas


Mientras Lola

guillotina gardenias.

***


Magdalena


Claudican cintas

en la maraña de rizos


En el pañuelo, pájaros


Pétalos multicolores

destacan el delantal


Magdalena se contonea

frente a las hornallas.

***

Ingenua


Entre cintas

consagrando espacios

una luz ingenua

parpadea


mordisquean la noche.

***


Retazos


La mano engarza mostacillas


Resplandecen

espejadas alas de los pies


Arrastra retazos

la cacería.

***


Aligerando el traspaso

vacila


En los hilvanes de la ceguera

la calma


Una plegaria

ante el desprendimiento.

***


Imposiciones en declive


La paciencia

eyecta.

***


ANA ROMANO

(1944). Es escritora y profesora de francés, vive en la Ciudad de Buenos Aires, Argentina. Recientemente publicó de manera digital su último libro “Efímero silencio” editado por Luis Rico Chávez del blog Agora. También ha publicado 4 libros de poemas: “De los insolentes fantasmas” (Ediciones Vela al Viento, 2010), “Expiación del antifaz” (Ediciones La Luna Que, 2014), “Zumbido de guirnaldas” (Ediciones La Luna Que, 2016) y “El Alfil rojo” (Ediciones La Luna Que, 2019), que se difunden en distintos sitios literarios.

JUAN GOMEZ


I. Quebrar la racha

Habrías llegado así, entonando alguna antífona, con dos flores exhumadas y un jarrón deshecho.

No, muy poco que contar. Imposible descifrar la mancha de humedad del baño. El tapial aún rezuma una fragancia austera. Las hormigas son legión que arrasa, solo cumplen su rutina los jacintos.

Habrías llegado así, pura pompa, a hacer preguntas.

Nada que decir. El día es una sucesión de diferencias mínimas que acaba resolviendo en un continuo. Mirados desde lejos, los días son iguales a los días.

Pero no sucedió. Torcer el viento, quebrar la racha, quedará para otra vida. A todos los efectos, consideremos cumplido el protocolo.

***


II. Lo que no tiene nombre


La madrugada es una perra idiota y bella que él no ve. La realidad, ahora, es un cordel y una certeza. El mundo es un rumor lejano, lo habitan voces incomprensibles. Son veinte pasos nada más – el otoño anda en chancletas – o quizás treinta hasta la viga. Lo sigue el perro, pero tampoco entra en el cuadro. El viento aúlla disparates.


***


III. Esto, así.


Esta manera fragmentaria, entrecortada, hosca. Una palabra, o a lo sumo dos y no más. Media línea y cuando alumbra. Estos signos vacilantes, ciegos, agua entre los dedos. Este ejercicio reiterado e infecundo de rumiar siempre lo mismo, de maquillarse para salir a escena. Este empecinamiento de obrero. Esta esperanza, esta ilusión, este veneno. Esta rutina burocrática de marioneta infeliz, con sus hilos invisibles que la mueven. Esta pose, este jamás ser uno mismo, este ya no saber quién soy ni adónde pertenezco.

***


IV. Poder


Podría haber huido, haber resuelto un viaje intempestivo a coordenadas inexistentes. Podría no parpadear – el ojo, sin el vaivén de la pestaña, adquiere la dureza de una piedra y de las piedras, ya se sabe, la mordedura y la succión no devuelven, ni en mil años, savia, sangre, piel

– O, por la costumbre de no mirar de frente, no mirar. O entumecerte el pensamiento con discursos. Podría haber gritado no me mates. Pero, ¿sabés?, estoy cansada, voy a ofrecerte el flanco izquierdo. Me desabrocho la camisa, inclino treinta grados la cabeza, percibo el vaho turbio, adivino tu incisivo y me abandono al dolor mientras sueño que soy libre.

(La rata, última carta a la anaconda encontrada en la mesita de luz)

***


María de los Milagros


Esa forma de partir que tiene el tiempo, de dislocarse en caras, en lugares, en momentos, de diluirse en baratijas de alto precio – minucias de la vida, yo qué sé, un apretón, un beso, aquella medallita despintada, ¿te acordás? – acabó por convertirte en sal, en yeso. Al cabo, caminar era perder a cada paso un miembro.

Fantasma de los puentes, suburbio fuera de órbita, por fin tu eje descentrado se partió y no hubo fuerza, María de los Milagros, virgen precoz, viuda de vos misma, ni ruego, ni infusión, que logre desposarte con la suerte.

Yuxtapongamos a la errancia una fe ínfima y qué nos queda: una pasión cada vez más desganada, esa falta de histamina y la ictericia. Feo, María de los Milagros, deslucido, el baile tuyo aquel, con el sapo tuerto. 

¿Y ahora? Desvirtuadas las verdades, disminuidas la pulsión, el intelecto, ¿adónde ir?, ¿rumiando qué, qué verbo?

¡María de los Milagros que no advienen, si el trompo gira loco no desentonemos! Vayamos de la mano de un enano y un bufón a ver salir el sol entre las cuatro paredes de un hospicio, consigamos un retrete de madera y orinemos dentaduras de oro y plata que la épica ya nos va quedando lejos.

Y si en un recodo de los años que subsisten se nos da por preguntar qué significa todo esto; si una luz, una emoción, una piedad, un sueño, asoman, ¡asesinémoslo! Yo llevo, oculta y presta, por si me asaltara un reblandecimiento, una garra adscripta al pecho. Aquí, ¿la ves?, en el costado izquierdo. Ahoga un poco a veces, pero no duele. Ya no. Tendrás la tuya, también.

Paciencia, ya llegará tu tiempo. Y la usarás, seguro. No otra cosa nos queda para defendernos, que una garra de gorila adherida a la garganta o al pecho.

***


I.

Signos


Ni la mirada estéril ni el veto intempestivo a las ventanas

y a los pájaros. Ni haber ungido así, sin avisar,

el silencio más atroz. Fue el modo

en que depositó sobre la mesa aquel objeto trivial

lo que nos hizo saber que algo, tan inconcebible como cierto,

tan inasible como real,

algo como una garra o la túnica de un ángel, lo rozaba

una vez más.


Que no sepas cómo fue ni quién lo hizo.

Que no tenga sentido ni razón. Que el viento

que arrastra bolsas, hojas, gente, te deposite a vos también

allá, en el lugar exacto de la incertidumbre. Que el estupor

marque el camino y el ritmo. Pero que una parte de vos

esté despierta cuando vengan a explicarte

la forma inexplicable de una nube.


II.


Impromptu del laurel


Primero tiemblo. Las venas lo adivinan:


en un espasmo de furor acude el zumo. Arrasa.

Sube por el pecíolo hasta el ápice y desde allí

derrama. Por la nervadura central viaja la savia,

vena a vena, hasta los márgenes.


Entonces sí, redonda, llena, me deshojo.

Me transfiguro en dulzor,

rocío, insecto, luz.

Pero antes tiemblo.


Si la ictericia del final, la rigidez, el quiebre;

si de la corrupción al átomo sin nombre

o la inverificable promesa de volver me turban,

primero tiemblo.


Después olvido. Yo no guardo la memoria para mí,

la siembro. Una papa y tres papines me enseñaron el vaivén

del tiempo. Y a mentir, un guijarro icosaedro.


Igual que el mono aquel - ese animal fallido –

busqué una vez decir, pero no pude.

No me arrepiento. Me aboco a mi silencio y tiemblo.



III. 


Otro poema de amor


Yo, el último licántropo,

harto de vagar y de esconderme,

sucio de gramillas,

herido por todas

las zarzas de los montes,


inclinada la testuz,

hundido el rabo,

ceñido de hambre

y de sed pleno,


falto ya de ideas,

huero de esperanzas

vengo ante ustedes,


a que laven cada mácula,

perfumen cada hedor

y latiguen

cada una de las muertes

que les di.


Descarguen sobre mí

todo su odio

– yo ya del mío me vacié,

demasiado tambalear de tanto lastre –


Recíbanme a morir.

Quiero acabar desnudo

de culpas y,

si se pudiera,

recuperar mi estatuto

de hijo vuestro.


¡Oh, víctimas mías,

infelices a los que evisceré!

Recordaré sus rostros,

sus despojos,

aullaré cada uno de sus nombres.


Rezar no sé,

implorar no puedo,

pero el último aullido que libere

no será por mí, lo juro,

será por sus almas

por toda esa carne lacerada

– tanta pasión inútil, tanta saña –


Declaro en mi defensa:


ni yo ni los míos


jamás hemos comido carne humana

– las objeciones que formulo

son estrictamente gastronómicas –

Pero todos, hasta el perro, nos saciamos de la luna.


Y en mi contra:


era yo el que robaba los malvones,


yo, quien arranqué

uno a uno cada tallo

– la soledad, amigos, de un licántropo,

es la de un muerto,

si no fuera por las flores… –


Y la luna, ¡ah, la luna,

esa maldita enamorada!

que nos deja hambrientos, siempre,

desguarnecidos al amor

y solos.


***


IV. Casi tres haikus


1.

No lo creerías:

las dos mitades

del perro atropellado

siguen ladrando.


2.

El viejo Lucio

duerme, su pata tiembla

sueña que ladra


3.

Un día azul.

Un ave, a contraviento,

no acierta el vuelo.


***


Juan Gomez

Aunque siempre le gustó escribir (y más aún leer) comenzó a animarse a publicar desde hace
muy poco, después de asistir a talleres de lectura y escritura. Publicó ensayos y ficciones en
revistas universitarias de Colombia ("Cazamoscas", de la Universidad de Caldas y "Vertientes"
de la Universidad Tecnológica de Pereira) y de CABA, Argentina ("Realidades y Ficciones")
Recibió un par de menciones en concursos de escritura.
Es músico (Bach y el barroco, Heitor Villa- Lobos y el naturalismo sudamericano, por citar a
algunos)
Actualmente reside en Rojas (Pcia. de Buenos Aires)