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CLAUDIO ARCHUBI


Plegaria de Bruno en la hoguera

A Lucas Margarit


Oh Maestro Telesio: Rerum natura est infinitum.

Respiramos: hay un pedazo de cielo bien adentro, circulando en nuestro cuerpo. Así flotamos en el interior, de los pies a la cabeza. 

¿Va el pensamiento en nuestra sangre, con su pedazo de cielo va, entre tu respiración y la mía, como van las palabras por el aire, entre infinitos mundos, con sus nubes adentro, con su silencio alrededor?

¿Sabías que no hay palabras en el espacio, pero tampoco vacío? 

¿Sabías que el vacío es atravesado por cosas intocables que ningún cuerpo resiste?

Rerum natura est perpetuum mobile. 

¿Mi muerte estará vacía? ¿Te atravesará como una de esas cosas?

¿A quién atravesará tu muerte? ¿Se cruzará alguna vez con la mía?

¿Respirarán juntas en una misma boca que las diga, como una nota al pie del gastado cuaderno de la Nada?

Hice tanto ruido, Gran Inquisidor, que decidiste acostarme como niño en el lecho del olvido. Pero, ¿cuántos pájaros aletean cuando muere un alma libre?

Oh Gran Padre de la Muerte. Corrí el manto del cielo que nos cubría, oh Padre de la Época. Y encontré ideas más peligrosas que la muerte, porque de ellas, ni siquiera por la memoria se puede volver. 

Mi sacrificio es necesario: toda llaga es una rosa. 

Rerum natura est accidentia: florece la muerte y florece el espíritu.

Ahora cuando las llamas me envuelvan, me soñaré en el centro del Mundo danzando desnudo, repleto de cielo, brillaré en la noche, me diseminaré por el aire, atravesaré los cuerpos, tocaré el futuro. 

Y estaré en la boca de todos con mi amorosa peste.


***


El gran Padre de la física está ciego, pero sigue soñando el sol


Mensajero sideral*, la tierra no te era suficiente.

Robaste el lenguaje de Dios: la matemática. 

Y con álgebras y geometrías fabricaste ese instrumento para rasgar el cielo. 

Y con tu garra en alto apuntaste a la inmensidad.

Así viste lo que Bruno imaginó:

Planetas girando alrededor de otros, montañas en el espacio, estrellas como soles escondidos tras vastas nubes de apariencias. 

Igual que Bruno pellizcaste a Dios con la uña de tu mente. Y eso dolió.

Ah, cómo le dolió a Dios tu atrevimiento.

Por eso te mostró su manchado sol, como una trampa.

Pero tu ojo herido no quiso morir. 

Siguió escarbando en la tierra y en el imperfecto cielo, escarbando en la víscera de Dios para mostrarle al mundo sus turbios tesoros.

Así Dios se llevó a tu hija más querida.

Pero no te detuviste.

Incrementó tu reuma y tu ceguera. 

Pero tú seguías soñando el sol.

Y cuando envió a sus lacayos para silenciarte, fue demasiado tarde.

Habíamos bebido de la rasgada herida del cielo su bello veneno: para ver más allá, siempre más allá.

Entonces Dios se desplazó, un paso atrás y otro y otro, hasta el fondo de los abismos. 

Vencido, nos concedió la soledad.


*Breve tratado de Galileo que describe las observaciones telescópicas y pone en jaque el modelo aristotélico del cosmos.


***


Newton sueña con el templo de Salomón


Soñaste que tu reflejo se balanceaba en las aguas del templo, delante del reflejo del cielo. 

Atravesaste los años, como un cuerpo que cae por las siete ramas del conocimiento, de la última flor a la más íntima raíz, buscando la semilla.

Cayendo de hoja en hoja, de ley en ley.

De año en año, inclinándose entre las aguas de arriba y las de abajo, por la puerta de las ovejas, entre la carga de una idea y otra, se balanceaba la pesa de tu alma. 

Fuiste del número a la soledad, de la soledad a la llameante fuente.

Balanceándose fue secándose tu corazón, como una hoja que intenta abarcar el sol, y cuando lo tiene adentro es demasiado tarde. 

Y sueña con inundaciones; donde toda caída es más suave rodeada por el agua de la vida. 

Por cada ley abriste una puerta, tocando las palancas del cosmos, gritando: Eureka.

Pero el mundo era una máquina rota, una máquina incesante y rota: girando en falso, crujidos, ecos, ruinas, y el gemido lejano del amor.

Avanzabas por tu vida como por el Templo, mientras se alargaba tu sombra.

Del muro al atrio y del atrio al lavacro, donde tu cara yacía rodeada de cielo.

¿Pero dónde estaba tu corazón?

Lejos, muy lejos, en lo profundo del tabernáculo, ahí donde por afuera giraban las emociones como planetas, y donde por adentro cruzaba el hálito de la Diosa. 

Donde te esperaba como un paciente asesino la belleza. 


***


CLAUDIO ARCHUBI

(Mar del Plata, Argentina, 1971). Doctor en Física e investigador de CONICET. Actualmente trabaja en el IAFE (Instituto de Astronomía y Física del Espacio). Colabora con revistas literarias del país y del exterior. Ha participado en varios festivales internacionales de poesía (en Argentina, México y Perú). Mención única de honor en el concurso de poesía de la editorial Ruinas Circulares 2012 y menciones en cuento y poesía 2014. Segundo premio de poesía del Concurso de Letras 2019 del Fondo Nacional de las Artes, segundo premio en el Concurso Nacional de Poesía Victoria Ocampo 2021, finalista en el Premio de Poesía Ciudad de Salamanca 2021 y mención de honor en el Concurso de Poesía Vuelo de Quimera 2022. Textos suyos han sido traducidos al portugués, al inglés, al árabe y al montenegrino. Su libro La casa sin sombra ha sido seleccionado, traducido al inglés y publicado en la antología bilingüe: África vs Latinoamérica. Escritura experimental (Langaa RPCIG, Camerún, 2017). Textos suyos traducidos al árabe integran una antología de poesía argentina publicada en 2022 en Emiratos Árabes. Publicó La forma del agua (cuentos, ed. de la Universidad de La Plata, 2010), Siete maneras de decir tristeza (poemas en prosa, Lima, 2011), Sísifo en el Norte (poemas en prosa, ed. Ruinas Circulares, Buenos Aires, 2012), La casa sin sombra (poema en prosa, Buenos Aires, 2014), la ciudad vacía (ed. Trópico Sur, Uruguay, 2015), La Máquina de las alegorías (poemas en prosa, ed. Buenos Aires Poetry, Buenos Aires, 2016), Arca rota jardín de nadie (ed. Valparaíso, España, 2018), Cielo al revés (Metafísica de la imagen de “Teresa” soñando el Sur) (ed. La primera vértebra, Buenos Aires, 2020), Hermana, jardín, espina (ed. Detodoslosmares, Córdoba, 2023) y La cena de las Cenizas (ed. La Primera Vértebra, Buenos Aires, 2025).  


PEDRO GIRALDO SÁNCHEZ

 

I


Prescindiste de la eternidad

por los acertijos

que buscan la piel tejida

por el tiempo,

a encontrar en tu pecho

la semilla de un jardín

regada por las lágrimas

de la noche.

Decidiste escribir

en los pétalos del girasol

las historias

que se esconden bajo las piedras,

lugar donde nacen nuestras sombras.

Te desnudaste

bajo los ojos abiertos de la noche

y la penumbra te descubrió en un espejo

en un cuarto olvidado por los dioses.


***


XVI


¿Quién habita esta soledad

en la que el árbol presiente su muerte

y los pájaros vuelan a las estrellas?

¿Quién sopesa la angustia de las ramas

al enfrentarse a una noche sin cielo

o al aullido del lobo

que sabe leer las partituras del viento?

¿Quién visita la habitación del tiempo

donde se encuentra tu cuerpo desnudo

entre los despojos de la fugaz caligrafía

que inútilmente hace crecer mis manos

para acariciar su sombra?

A través de la ventana

el árbol habita los recuerdos

guiado por los pájaros que construyen la mañana

para heredarnos su canto y la libertad del vuelo.


***


XXI


[...]En las montañas, entre los árboles más jóvenes,

/allí lo haremos. Cuando caiga la noche /y la luna de plata

cante sobre la cerca caída, lo haremos.

Jader Rivera Monje


Creo en tu cuerpo que bebe la luz

engendrada en la memoria.

Creo en el refugio de una antigua aldea

en la que sus calles humedecidas

abrigan al ave que crece en silencio.

Creo en otro cielo

en el que brota la amapola,

y su olor guía a la mariposa

que no teme despertar un jardín

adormecido.

Creo en la palabra

que se escapa

de la mirada triste de la muerte

para disipar las sombras

del lugar en el que tu cuerpo

cumple la promesa.


***


XXV


Buscarte en el espejo,

intentar descifrar

en tu rostro los ojos del tiempo.

Aprender a escuchar las palabras

que mueren en tu garganta,

a tocar tu reflejo mientras los cisnes

sobrevuelan el silencio,

a escapar de las ruinas de un lago

que se reconstruye cada mañana.

Quise descubrir el olor del atardecer

de un mundo que desaparece

en la comisura de tus labios.


***


XXXI


Esa ya no es su casa/sino los altos muros de su tumba. 

Hernán Vargascarreño


Escucho el tiempo

entregarme las estrellas

y convertir en óleos su luz.

Vigilo el caer de la luna

que seducida por el abismo

se desprende de la memoria

y cae en mis manos.

Le quito la oscuridad a la noche

y en ella pinto los pájaros

que alimentados con mis recuerdos

se posan en el viento.


***


III


Tu cuerpo cansado

de caminar en el desierto

se embriaga con un vino hecho del río

donde las piedras lloran en silencio

y le arrebatas el vacío y su misterio

para reconstruir tu rostro.


En la oscuridad dibujas el cielo,

haces tuyo el bosque en el que dios soñaba

la creación del universo.

Ahora, tu cuerpo desnudo

renace en la geometría del viento

para negar el abismo. 

***


VI


Tus ojos, cavernas donde nacen

las raíces interminables del viento,

encuentran en las flores un dolor

que se levanta de un jardín

resquebrajado dentro de tu cuerpo.

Escribes las ruinas de la noche

y una luz te muestra los senderos

de la memoria.

Tú cantas y un ave entierra el fruto

que te conduce al destierro.

Arrullas al tiempo para detener su caminar

frente a los amantes que se entregan

donde la muerte ve su reflejo.

***


VII


Estas montañas tejen el cielo

ocultando en las estrellas

los secretos de las piedras.

A lo lejos, un árbol llora al ver

un ave enfrentarse a su primer vuelo.

Ahora, los montes callan

mientras entregan la muerte del sol

para poder escuchar el canto revelador

de una casa abandonada.

El viento trae el olor ancestral de tu cuerpo,

heredado de la fragancia que trajo

la desnudez un ángel, y sobre tu piel

veo florecer la mañana

que se niega a mirar la casa vacía.

***


XVIII


El árbol sueña

con las manos del carpintero,

le entrega su piel

en el otoño estéril de la memoria.

El árbol cierra los ojos

cuando el cincel

talla sus labios.

Un frío invade sus huesos

al descubrirse siendo puerta

en el baúl donde mi sombra

teje una trampa para la muerte.

***


XXVIII


El viento vigila la casa del ave

que con sus alas abiertas espera la noche;

su canto es alimento para las hojas

que aguardan el nacimiento del árbol.

Entre sus huesos lleva la soledad

heredada de la semilla del tiempo.

El ave en vano busca descanso en el árbol

donde los amantes encontraron

el origen del silencio.

***


XXX


Si te miras al espejo

sentirás las lágrimas de las flores

que se marchitan en lugar de tus ojos;

escucharás la súplica de los árboles

que envejecidos entregan sus frutos

para alimentar tus labios.

Oirás el aletear de los pájaros

que con sus cantos incuban el tiempo

en los pliegues de tus párpados.


Si te miras al espejo,

vuelve al olvido y trae de allí

el marco que sostiene tu rostro.

***


PEDRO GIRALDO SÁNCHEZ

Normalista Superior de la Escuela Normal Superior de Villahermosa (2014). Licenciado en Lengua Castellana de la Universidad del Tolima (2020). Integrante del Grupo de Investigación en Literatura del Tolima adscrito a la Universidad del Tolima y docente de tiempo completo de la I.E.T. General José Joaquín García Sede La Cristalina de Casabianca. Ganador del Concurso de Poesía Ibagué Literaria (2022) y mención en el IV Premio Nacional Plenilunio de Poesía Leopoldo de Quevedo y Monroy (2023), es autor de los libros La melodía de la espera (2022) y La vigilia del viento (2024) publicados en Ediciones Exilio, coautor del libro La escuela total(2015) de la Editorial Universidad de Ibagué y Tres temas de la novela colombiana contemporánea (2023) Editorial Universidad del Tolima. Poemas suyos han sido traducidos al italiano y al rumano.

MARÍA VICTORIA FABRE


ÚLTIMAS LUCIÉRNAGAS


Un paso, otro más,

su brazo me eleva

juntos subimos

y se desgranan

trocitos de vidrio de color

Escalamos la montaña

con el primo,

es nuestro juego peligroso.

Frente a Cattorini,

la fábrica de botellas,

cada paso un pequeño

desmoronamiento,

una cascada de chispas

y un sonido rasposo.

Cada desliz nos alienta

a seguir subiendo,

manteniendo

el complicado equilibrio

para no caer, no sea

que se rasgue

el jean en las rodillas,

que se abra la herida

que delate

que estuvimos ahí

solos.

Luis, el de los ojos celestes

se fue joven,

una seguidilla de desgracias

familiares terminó

en su muerte

y así se fue perdiendo

el lazo con la familia materna.

Sė muy vagamente

que quedaron unas primas

medio ciegas, hijas de otro tío,

enfermas de la vista

-por estar con los malditos gatos -

decía mi abuela.

Pero en el barrio con Luis

yo era toda mirada,

toda exploración

¿Qué vieron sus ojos

tan claros y tímidos

que a veces me esquivaban

y recordaban- somos primos-

cómo si el peligro de la fábrica

fuera otro, más oscuro

y prohibido que un jean desgarrado.

¿Qué habrá visto esa noche

del parabrisas estallado,

del toque impensado del destino

de la mala suerte que a él le llegó

como a los otros?

¿Qué imágenes le trajo la memoria

ese taquistoscopio que cuentan

hacen circular la vida Toda.

En su final ¿habré estado?

Hoy pienso en los miles

de colores, texturas, sonidos, voces,

nombres que componen la memoria.

Del barrio de la fábrica

me quedan las calles y el olor

a tierra húmeda

la fritura constante de la comida

que hacía mi tía para los obreros

la zanja en la puerta, oscura,

las ranas, las luciérnagas,

la parra y su enramada

en la claridad del verano

y entre sus hojas

un azul celeste

que me inunda.

***


IMPRESIÓN, SOL NACIENTE


No es el continuo de la luz

que marca la academia,

rimando en la paleta

perspectiva y matices.

Es hora de abrevar color

del hueso o el azufre,

del verde de tu olivo,

hacer cerúleo el mar, retazos

de mundo a dentelladas

que suelta el pincel

en tu retina.

***


UNA IMAGEN DE DURERO


Sé que el fauno

no recorre el bosque

lascivo

ni liviano.

Espera

el abrigo verdadero

para sentarse a ver

la luna

en ella misma.

***


MARÍA VICTORIA FABRE

(1968, Argentina). En su poesía destaca el interés por las relaciones entre Psicoanálisis y Arte. Publica sus notas en el blog: “El eco de Psique: Arte, Literatura y Psicoanálisis”.

Ha realizado colaboraciones en poesía para la Revista Monolito . Mención de honor en Poesía en el Concurso Literario Nacional «Paco Urondo», 2015. Colaboró en los géneros de cuento y ensayo para la Revista Jus Digital. Publicó ensayos breves sobre temáticas ligadas al ejercicio de la psicología en compilaciones realizadas por la Editorial Letra Viva. Publicaciòn conjunta en Diálogos poéticos con Beatriz Fiotto y Laura Rivera. Editorial Elipsis. Rosario 2016. Participó de la antología “Toda poesía es hostil al anarco capitalismo” Es psicoanalista y docente de Psicología en CBC UBA.

ADRIÁN DARÍO ARÉVALO

 

ABATIDA


Absorta, 

divaga en pensamientos.


Reposa su mirada hacia la nada,

inmersa en su universo;

y siente.


Transita el duelo de un pesar 

que calla eternamente,

desnudándose hacia adentro,

escondiendo sus heridas,

buscando respuestas.


Aislada, recrea lo trascendental de su existencia,

el sutil pálpito de su conciencia. 


A pesar del vuelo del pájaro, 

lo mortal no borra la ausencia;

y aun cuando las heridas sanan,

algunas quedan sumidas en el llanto,

el desconsuelo de un brote;

o en una mirada 

perdida para siempre.


***

                                                                       

EL DESIERTO


Por las noches, solo quiero evadirme.

Me abrazo a una botella

que suelto en el profundo mar de mis pensamientos,

y por un instante, soy libre.

La gente inaudita

pesa más que toneladas de sueños.

Siento que cedo

ante el desierto de sensaciones que me abruman,

solo por las noches,

a la vez que mi retórica solo expresa mi sentir.

***

                                       

EL HIJO DE BORGES


De chico lo llamaba el señor del bastón, el señor del traje gris, o el señor de la mirada perdida.

De chico lo vi en mis sueños, por haberlo visto en tantos reportajes, en tantos documentales.

En mi casa, la cultura era la televisión en blanco y negro, el diario de los domingos y algún que otro libro suelto, desperdigado por ahí.

Pero a mí, me atraía lo que ese señor decía.

No le entendía mucho, pero sí a su mirada que miraba siempre al sur, como tímida.

De chico no preguntaba, porque en mi casa preguntar era una ofensa. Yo era un niño y, ¿cómo un niño va a andar preguntando cosas?

El miedo era un descontento, pero eso es para otro cuento.

Mi intriga era: ¿De qué hablaba el señor que hablaba lento, casi repitiendo palabras, encimando los dialectos?

Ese señor que no era otro, que un señor, que yo no conocía.

Fui creciendo y con mi crecimiento, mi conocimiento se hizo carne, pero le restaba importancia.

Dos acontecimientos marcaron mi vida de infante: La primera fue el día que me retiraron del colegio, porque “El General había muerto”; así le llamaban.

Y la segunda ya de grande, cuando murió el señor del traje gris. De grande tampoco preguntaba.

No es que me había acostumbrado, sino que buscaba mis propias respuestas, a mis interrogantes.

Y un día encontré ese libro, que en mi casa cuando niño daba vueltas. Se titulaba “El Aleph”.

Y empecé a leer, a nutrirme, a imaginar.

Recorrí su vida, sus obras, sus anécdotas, como lo hice con tantos escritores, muchos de ellos interesantes, otros sobresalientes, pero la conexión que tenía con el maestro siempre fue otra, y él seguía apare- ciéndose en sueños.

Comencé a escribir ya de grande, y no paré.

Sentí que él me guiaba, como si me dictara las palabras.

Había palabras que ni siquiera sabía de su existencia, que nunca había escuchado, pero las ponía en mis escritos, y encajaban como en un rompecabezas, hecho a mi medida.

De a poco mi escritura fue puliéndose, como un arte, que partía de lo rústico a lo agraciado.

Una escritura compleja, dura por momentos, pero sentida siempre. Y siempre el maestro estaba a mi lado, observando mi escritura con su mirada tiesa, con su mirada perdida, tal como lo veía cuando era un pibe. Si hasta vi que señalaba mis páginas, como corrigiendo mis errores.

Sentí que me dictaba, y me enseñaba. Me decía lee a tal, es interesante.

No mires televisión, perded el tiempo en otra cosa.

Mira el cielo, observa los pájaros; yo no puedo; hace rato que no puedo, y ya no podré, pero los veo, desde otro ángulo, claro, desde el ángulo de mi imaginación y esa es la mirada más bella, hijo. (Me susurró al oído).

Y seguí sus consejos.

Empecé leyendo “El quijote”, seguí por los poemas homéricos tal como él me lo dijo. Después seguí por Kafka, Wolf, Cortázar, Sábato, Bioy Casares, García Márquez y tantos otros.

Hasta que desperté del sueño, y me asomé esa mañana a mi ventana, amaneciendo, y vi, con mi mirada perdida, que él me despedía hacia el cielo, estirando su mano como “La creación”, del cuadro de Miguel Ángel, diciéndome:

Yo siempre tuve el deseo de ser el hombre invisible, pero no he podido”.

***


EL MAS ALLÁ


Solo sentía olor a muerte.

El desdén era solo el arquetipo de una mente que acababa siendo el lado triste de una vida de penurias.

La noche sabía que iba a someterlo a una sentencia previa y sin juicio.

Las lágrimas eran parte de su piel, así como lo era su sangre, que recorría el torrente de un camino sin retorno.

La retórica se hallaba a la vuelta de la esquina, cruel, injusta.

Quiso remar en su pantanoso mar de dudas, mientras los cuervos revoloteaban a su alrededor.

Ya no había tiempo, ellos venían a llevarlo.

***

                                                      

LA PRESENTACIÓN


El escritor presentaba su libro en la editorial, la venta fue un éxito; había vendido y firmado innumerables libros. Al salir a buscar su auto, se lo había llegado la grúa.  

El acarreo y la multa le costaron el doble en pesos de lo que él había vendido en libros.

***


SOBREMESA


Mientras Jorge Luis Borges le objetaba a Pablo Neruda la melosidad de su nuevo poema, Charles Bukowsky trataba de convencer a Julio Cortázar de que comparta su habano. 

Don Julio solo le convidó la pitada final. 

Neruda en tanto huía hacia “El Aleph”.

***


ADRIÁN DARÍO ARÉVALO 

Es un autor y poeta argentino, nombrado Embajador del idioma español en el mundo por la Fundación César Egido Serrano y el Museo de la Palabra (España, 2018). Participó en las ediciones 2021 y 2022 del libro Un libro por la paz, y en más de 30 antologías de Editorial Dunken, Fundación Cathedra, SADE Mercedes, entre otras. Participó en ferias virtuales del libro de Perú, Sudáfrica, Italia, México, Tumbes (Perú/Ecuador), España, Panamá, Inglaterra, Uruguay, EE.UU., Portugal, Brasil y Argentina.

Desde 2021 presentó sus libros en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Es fundador del grupo “Expresión Literaria Argentina”, con el que lee sus obras en bares notables de CABA. Escribe poesía libre en vivo, inspirada en obras de artistas plásticos, y colabora como columnista y entrevistador cultural en la Revista Internacional Red de Arte (sede Argentina), difundiendo la voz de otros creadores.

Algunos de sus libros publicados son:

- ¿Dónde estás, Thomás? Un cuento fantástico y otros… (2022)

-Pinceladas de palabras. volumen 1 (2022)

-Yo escribo (2023)

-Corazones rotos (2024)                                                        

CECILIA PONTORNO

 

Cuervos


Acomoda delicadamente el doblez de su camisa

los botones alineados

como soldados en el frente.


No sabe esperar

viene a desdecir la tiranía del tiempo.

Abre una puerta.

Un último bocado

tiesa como un pájaro muerto.


Descalza, siempre descalza.


Se precipita

nocturna devora sus manos

con náuseas

y placer de sacerdote.



Va y vader

ramada, vacía


hacia el lecho negro de dos pupilas.


Abre la boca

vomita

la llaman

la siguen.


Se ha ido.


Sólo se escuchan los cuervos.


***


El corazón de las tinieblas


En algún momento de la historia se decidió

que el corazón es una maquinaria destartalada

en una fábrica de televisores de tubo de rayos

catódicos, abandonada por un patrón obeso

y desaliñado, con olor a transpiración de búfalo.

En ella hay un sereno que se niega a volver a su casa

donde están su mujer y sus cinco hijos. Dos de ellos no quieren verlo.

Las horas extras, en aquella tumba de fierros

y óxido, apuñalaron el poco amor de padre

que le quedaba

y, luego, las sabidas consecuencias.

El oxígeno es escaso. Hay algo intacto en el paso del tiempo.

El color de las chapas del techo después de la lluvia olas ventanas con algunos vidrios rotos, mirando al oeste,

los campos secos, amarillos, que pueden versedesde la oficina más grande, al lado de la pequeña,

donde todavía guardan las camisas de grafa y los cascos

de seguridad que no se robaron los pibes del barrio

cuando entraban de noche a inhalar los vapores

de la caldera que permanece en funcionamiento,

único sistema de calefacción que entibia ese cementerio de ausentes.

Una rata enorme, como una palabra que se dice con cuidado,

me mira fijamente.

El pulso de esa maraña vieja y corroída,

el corazón de las tinieblas,

se mimetiza con el olor a cigarrillo de mis manos.

Miro desde la calle la respiración lenta y tediosa del chaperío.

Acoplo a ella mi melodía de voz sucia y la tos de siempre.

Ahora somos una, la maquinaria cardíaca y yo.

Ahora podemos declararnos en quiebra total.


*De Morfina para los muertos (ElAndamio Ediciones, 2023/24)


***


LA MEMORIA


¿es una luz enmudecida que fue

quizás

adivinación

o rayo líquido de dios?


A veces, todo solloza como la memoria del nido

del blanco nido.


Deseo la palabra

la palabra desvelada

llamo casa al invierno

pienso mío su reflejo

llamo patria al invierno y

caigo

caigo

caigo en la hermosa morbilidad de las horas


y todo plenamente devenido


blanca casa de ventanas blancas,el despertar de las palomas,la orilla del día

la blanca orilla.


***


PRELUDIO


Lo lejano es un pájaro muerto que canta.

De eso se trata la memoria

miles de pájaros

que cantan

mientras respira

sumergida


la palabra.


***


MEDIDA DEL SILENCIO


Alguien se nombra

en un idioma triste.


Pero se nombra.


Es un rumor de pájaros

la quietud

arcaica

de la luz.


Sobre los árboles

el silencio es soberano.


*De Inventario del tiempo (Prueba de galera Editoras, 2022)


***


SED

VI


La tarde fue un estan

que callado

donde el tiempo nos habló

de la paciencia de los peces.


***


MISMIDAD

VI


Si me voy ahora,

la espesura

los pájaros

no sabrán despedirme


Las huellas del silencio

tendrán miedo

del silencio en la piedra


Él, a veces,

está tan cerca de lo quieto

como un mediodía

a la sombra de Dios


Me mira llegar

al final de un río negro.

Estuvo allí,

antes de ser hombre

fue el misterio

en la boca de la noche,

una pregunta

que les besaba

la tristeza a los niños


Si me voy ahora,

sobre este mismo río negro

besaré el pálpito

la orilla

desnudaré la tarde

construiré

un amor inabarcable

solo

tan solo


Debo permanecer vacilante

abrazar la semilla

sembrar las horas

como un regalo


Seré un retrato

hermoso

que puedas amar

sin preguntarte

tanto.


*De La hora suspendida (Editorial Hespérides, 2021)

***


CECILIA PONTORNO

Poeta, maestra, profesora de Psicología. Coordinó los talleres de poesía Tierra Poética. Realiza corrección de obra poética y tutorías pedagógicas. Participó en antologías y revistas digitales. Mención Concurso Hespérides (Poesía) por La mirada es un lugar, 2020. Publicó La hora suspendida (Hespérides 2021), Inventario del tiempo (Prueba de Galera 2022, catalogado en la Biblioteca de la FreieUniversität Berlín y en el Instituto Ibero-Americano de Patrimonio Cultural Prusianode Berlín) y Morfina para los muertos (El Andamio 2023/24). Traducida al francés en OUvroir de POésie LIbre y publicada en Periódico de Poesía (México 2022).Coordina los talleres de poesía Un radar en la tormenta.


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Cadáver exquisito - Reseña


JUEGOS DISTÓPICOS

por Luis Eduardo García 


El título de esta historia es engañoso. No se refiere al juego de creación colectiva usado por los surrealistas para componer textos: alguien escribe unas líneas en una hoja de papel y se la pasa al siguiente jugador, quien solo puede ver el final de lo que escribió este, y así hasta que se obtiene un producto propio del azar y los aspectos incontrolados de la creación. En la novela de Agustina Bazterrica se le llama así a un juego en el que los niños imaginan cuán exquisito sería comerse a las personas que tienen cerca: a mayor imaginación, más exquisitez. Un juego que no tiene un fin estético, sino perverso y secreto. Esta novela desarrolla un mundo distópico y caníbal con una fuerza e imaginación muy poderosas, narrado, además, con mucha solvencia y claridad. Los lectores vemos hacerse realidad, con extraordinaria verosimilitud, aquello que sospechamos podría ocurrir en un futuro inmediato, si sigue la superpoblación y los alimentos y el agua se vuelven escasos.

La novela se conecta, de un modo indirecto, con el cuento 'El carrito' de Mariana Enriquez, en el que el canibalismo se practica para sobrevivir y no para controlar a una sociedad que crece sin límites y hay que comerse los unos a los otros. Los animales no humanos ya no se comen porque han sido, sospechosamente, presas de un virus del que nadie quiere contagiarse, por lo tanto hay que deshacerse de ellos. Como en toda sociedad negativa y alineada hay un disidente: Marcos Trejo. Él parece ir a contracorriente de las normas y los hábitos, hasta que descubrimos que el es tan egoísta y utilitario como todos los demás. Novela cruda, directa, que remueve y desestabiliza nuestras más profundas y viejas creencias: animales pensantes, de lenguaje, sociables y solidarios. ¿De verdad?

PATRICIA INIESTO

 

En la raíz húmeda del recuerdo

se oculta el primer poema. 

Todo el peso de la vida fraguado

sobre unas pocas consonantes

balbuceo que hierve 

como una lluvia de alfileres sobre la nuca

o mano que arrastra la tormenta no anunciada. 

No lamentas la impaciencia del verbo

no callas su oscuridad

ni la osada quemadura del lexema. 

Los peces temblaban ya entonces

como estrellas de barro entre tus labios.

***


La palabra anfibio significa

ambas vidas. 

También mi piel

conjuga distintos tiempos verbales

cuatrocientos millones de años de evolución

guardando en su memoria

pasado y presente

articulando como una telaraña de agua

su latido amniótico.

***


Hoy

estallan

como un sueño de arena

luciérnagas bajo mis párpados

y su sombra amarilla arranca

jirones

de luz

cuando se arrastra hasta los acantilados

líquidos de tus huesos.

También es mortal cada uno de los fonemas

de un nombre

que ya solo se completa a través de la

ausencia.

***


CICATRIZ


Según la RAE, una cicatriz 

es una señal que queda en los tejidos orgánicos 

después de curada una herida o llaga.

Los diccionarios no incluyen 

que la piel las reconoce 

como una costura

que finge ser inapreciable al tacto, 

como el recuerdo de una edad fosilizada 

o como un escozor antiguo 

que predice los cambios de estación 

con la inercia animal y precisa 

de las aves o las hormigas. 

***


HUBO UNA VEZ


Hubo una vez un mundo que cabía

en la ventana de un piso bajo,

en una televisión en blanco y negro,

en indios y vaqueros de plástico.

Hubo un mundo de grafías

que se revelaban (y rebelaban)

a través de los borrones 

y que no entendía aún de cuentos clásicos. 

Hubo un mundo de sábanas con 

las que resguardarme de ovnis y vampiros,

que medía el tiempo en el cuentakilómetros

de un Seat 127,

que no sabía de distancias

ni preguntaba por ellas.

Hubo un mundo que construía 

su paraíso con el barro agnóstico

de la infancia en un tiempo todavía

sin noción de sí mismo

***


DESAYUNO CON DIAMANTES


A veces parece que toda la lluvia

se la apropió el domingo.

Sus mañanas largas, sus tardes de

sobremesa, el tiempo replegado sobre

sí mismo, indeciso, aletargado como un

pez de arena en su escondrijo sonámbulo.

Para él se hicieron los paisajes de pvc

en distintos acabados; la realidad

acrílica en varias (pero limitadas)

medidas; el final, también lluvioso,

de Desayuno con diamantes.

Todos los epílogos los consumió

el domingo, recomponiendo unas veces,

desdibujando otras, los restos imprecisos

de otros días.

***


PATRICIA INIESTO

(Madrid, 1977) es licenciada en Filología Hispánica por la Universidad Autónoma de Madrid y Máster en El Mundo Clásico y su Proyección en la Cultura Occidental por la UNED. Actualmente ejerce como profesora de Lengua Castellana y Literatura en un Instituto de Enseñanza Secundaria de Madrid. Sus poemas han aparecido en diversos medios, entre los que se encuentran Cuadernos del Matemático, Sapos y culebras, Vallejo & Co., Vuela palabra, Vórtice y Altazor. Ha obtenido premios poéticos como el Ciudad de Getafe y el Voces Nuevas y es autora de tres poemarios: Cosmogonía de la luz y del invierno (Ediciones Oblicuas, 2021), Premio Internacional de poesía La Nunca, La forma del viento (Ediciones Vitruvio, 2022), Premio Internacional Covibar-Ciudad de Rivas, y Toda palabra es una duda, (BajAmar Editores, 2024). 


Instagram: @patricia_iniesto

INÉS LEGARRETA

 

I


Con Don hablamos de todo.

Y sucede que veo el día

a través de sus ojos verdes ¿azules?¿grises?

su imantada camisa 

y el gesto de dejar el sombrero en la mesita de luz

o de revolearlo por el aire cuando abre la puerta

ese gesto tan suyo cambia la luz

y la voz


pero las palabras que salen 

de su sonrisa

casi siempre tienen aliento a whisky old fashioned vodka

chateau margaux

o cerveza

y como él se bambolean

entre la desesperación y la sorna

entonces 

entre incongruencias

se echa a los brazos de cualquiera

aun así

yo 

disfruto.


***


III


Soy una de las tantas mujeres que tuviste

dispuesta a cerrar los ojos

a mirar de costado.

Creo  

que mentir 

fue una vocación forzada 

la imaginación puesta al servicio

de un punto oscuro

fuego

y escándalo

tan inocente abrasador

como tu mano cuando acaricia se distiende

y descansa

en la espalda en el cuello en la cintura entre las piernas

bordeando las nalgas subiendo 

 -sos tan sabio-

por el cuerpo de una mujer.

Así separadas tus manos 

de tus argumentos 

lo falso    

queda lejos

se puede

soportar. 


***


IV


Despeinado

sos tan lindo

que una quiere

esa escena para siempre

pero

en la siguiente estás yendo a la oficina

en el tren

en tu auto

caminando por la Avenida Madison 

y la impecable peinada

impecable impecable

como el traje los zapatos la corbata

y el sombrerito

esencial

te dan ese aire triunfador

que ejercés 

ni bien se abre el ascensor

sos un viento fuerte que arrastra

la gente los papeles las ideas

porque cuenta

con una cabeza lisa oscura perfecta

temible traicionera

hundiría mis manos en esa cerrazón 

para buscarte después 

el mejor coiffeur de Manhattan.  


***


VIII


Betty es rubia

Rachel es morocha

Faye es rubia

Megan es morocha

Bobbie es castaña

tu vecina del edificio es morocha

Daiana es morocha

en las fiestas rubias y morochas y pelirrojas

negras no

nunca te acostaste con una negra

aunque sea tu secretaria

ese color no

no lo abordás

venís del subsuelo de los pobres norteamericanos

desplazados pero blancos

y quizás sea la piel

el color de la piel

el único límite la frontera el muro

porque sin haberte puesto nunca 

la capucha blanca con los ojos agujereados  

cuando hacías fila junto a las puertas de los comercios con persianas bajas

en esa larga cola de subsidiados y del plato de comida en la parroquia

también ahí       

se agrupaban de éste y del otro lado de la calle  

allá junto al cordón de la vereda estaban ellos

con la cabeza gacha igual que vos

y con la misma rabia que durará toda la vida

aunque vendrán 

J. F. Kennedy y Martin L. Kin y Malcom X y Bobby   

los asesinatos

las palizas en las calles/las universidades/ los incendios

de autos/ buses/ paradas de trenes y estaciones/ 

las calles arrasadas 

porque corren los 60

y el primer hombre negro entra a la Universidad Estatal de Mississippi

y vos ahora que escalaste   

y vivís en un barrio residencial de los suburbios de New York

sentado frente al televisor    

 pero Castro Y Nikita Krushchev

 y ahora esto

la intranquilidad te hace fruncir el ceño

Black Power


aunque    

Dawn- tu nueva secretaria-  

es negra.


Abrís una cerveza.


*Poemas de la serie ¨Me enamoré de Don Draper¨(inédito)


Nota: Don Draper es el protagonista de la exitosa serie norteamericana ¨Mad Men¨.

***


INÉS LEGARRETA

Nació y reside en Chivilcoy, pcia de Bs.As. Tiene 8 libros publicados de narrativa: En el bosque (1990), Su segundo deseo (1997), La Dama habló (2004), El abrazo que se va (2008), Tristeza de verse lejos (2010), La turbulencia del aire (2012), La imprecisa voz que me sueña(2014) y Un abanico que apenas se abre-Una luz que no daña ni enceguece (2020). Tiene 7 poemarios publicados: La puntada invisible (2016), El jardín desconocido (2018), Una gramática para mis sueños (2018), Un amor doméstico y oscuro (2019) Sueños y sombras (2021), De lejos y de cerca (2023) y ¨El juego que se inicia (2025). 

Entre los premios recibidos en narrativa se destacan el “Premio Iniciación de la Secretaría de Cultura de la Nación”, la Beca Creación del Fondo Nacional de las Artes, el “Premio Único del Gobierno de la Ciudad de Bs, el Premio Nacional de “Los Cuentos de La Granja” de Segovia, España.

En poesía recibió el Tercer Premio en el “Primer Concurso Nacional de Poesía Inés Manzano 2022“, y el “Segundo Premio de la Fundación Victoria Ocampo" (2015), entre otros. 

Coordinó talleres de escritura y lectura. Co-dirigió la revista Literaria Fledermaus. Co-dirigió el ciclo “Narradores Argentinos” en APA. Coordina el ciclo “Palabra Poética” en la Sociedad Francesa de Chivilcoy desde 2018. Tiene un micro literario ¨Palabra Poética. Leer es un placer¨, en WWW.FMURBANA.COM.AR 102.1