Tras el cristal de la ventana las gotas serpentean
y se deslizan hasta el suelo.
Mi mirada se pierde en el horizonte,
vagando lejanías y ausencias.
Las chapas repiten el eco sordo de la lluvia
que martilla incesante, desbordada, plena.
El perfume de un tiempo nuevo llega
para impregnar el aire y renovar la escena.
Las voces perdidas de antaño
vuelven como fantasmas sedientos,
espectros del recuerdo,
ensoñaciones del ayer.
Yo, tranquilo, ajeno,
me dejo llevar por el vaivén
de los árboles que en la
distancia bailan su danza
entre silencios y añoranzas.