Insectos sobre labios
No, no hubo nadie
ni un anhelo
que quisiera mis deseos,
lo que no puedo hacer
y siendo sigo,
lo que veo y no y
lo opuesto.
Nada. Nadie. Todo inasible
mitigó nunca
la prisa que me alcanza
en sus minutos
con mis propios pensamientos.
No, no hubo nunca un auxilio,
una certeza, una mano
que acariciara mi cabello
o diese agua a la picadura
transfigurada de mis labios
en silencio.
Nadie. Ni siquiera eso. Ni un nombre
enfermo, ensimismado, clandestino.
Solo. Nadie que agrandara suficiente
al escalpelo y tuviese la bondad
de cortar
de tajo, el sufrimiento.
***
Cambio de sentido
Te encuentro y el gozo se sonroja,
se esconde, se acelera;
la indiferencia me disfraza, sonrío,
sigo mi camino. Me oculto en el contento.
Tu mirada estrecha a los latidos. La respiración
se incendia. La distancia se diluye. Fluyo.
Sigo mi camino y los pasos me levantan.
A los seis pasos, un cuerpo al lado
despierta, me mira de frente,
reconoce los lugares
construidos con la buena compañía,
a sal de los trabajos por cimiento y
junto a los geranios
a flor de tierra, prende el tiempo.
Al séptimo paso, me detengo.
***
Extravío
Hace muchas visitas tu presencia no llega,
no entra, no se queda ni camina contigo
y no quiere salir a buscarte porque siempre
anda conmigo en esta ciudad de pasado lento,
de voces murmullosas y
pensamientos polvosos
cada vez más lejos de nosotros.
***
Sin duda
No amas a la mujer que soy, sino al seno desnudo
al que prendes la ansiedad de tu mirada.
Tu mirada
presa en las llanuras de la mente,
fértil al desequilibrio
no ama a la mujer que soy
sino al anhelo inseguro
que le acecha
cuando en mis fallas ves la esperanza de tus miedos,
libre de ataduras
a razón de soberbia y menosprecios
como si por cada añoranza que me callas, creciera
una prisión en la que guardas
la expansión de tus miserias
para encerrarme
en el pequeño hueco temporal en el que lates
insatisfecho y constante
con el engreimiento invariable.
***
Cumpleaños (sol ascendente)
Con la vida al pie de lo que fue mi sombra
quiero empezar anónima,
sin clasificación, grupo o taxonomía
ni estado de vida
fuera de la habitación que me construye.
No me quiero así, demasiado expuesta,
demasiado contraída,
suelta a la tristeza diaria,
anual e instantánea (emoción de cabecera),
que rescata luchas pérdidas en sí mismas.
Quiero tersuras piel de larva
con su gesta de crisálidas
para los lenguajes y los musgos
de los días desnudos al sol que me devora
dentro, muy dentro —sin sofocos al amor—
a mitad de una catarsis (herencia vuelo nuevo)
con las alas fuertes al volver viva de un poema.
***
Sanación
¿Serías capaz de quemarte la piel
para que el sudor de una rana amazónica
vacune el amor que te enferma?
¿Serías capaz de beber transparentes cascadas
mientras la fiebre y la náusea suben a la amígdala y
te sacan con el agua, el mal hasta el fondo de la tierra?
Si con la cabeza latiente, observaras tras la culpa
lo que se ocupa, y sus verrugas se desprendieran del alma,
¿soportarías un soplo de selva dentro de la frente?
¿Aceptarías el colirio que limpia con fuego
las miradas dejadas en los ojos? ¿Los abrirías?
¿O evitarías la ceremonia? ¿Ser parte de la ofrenda?
¿La extensión de una forestal toxina que permita
volver a ser parte de la vida? ¿Qué dolor puede
causarte un veneno
cuando es la vida de un amor la mortal inquina?
Tan mortal como las caricias aferradas a su rastro.
—Su rastro, Amor. Tu rostro.
Si tan sólo el dolor saciará la inagotable tristeza.
La tristeza de haber estado viva sin saberlo,
rodeada de coronas amarillas y mariposas,
paseos sabor a San Miguel y frutas…
¿Serías capaz de buscar en el fondo de la piña
el valor necesario para aceptar la medicina que te niegas?
O ¿Reconocer en el dolor el sentido vital del darte cuenta?
***
Invitación
No se muera. Abrácese a la mañana
si no a esta, al mañana de mañana,
pero no se muera, mire, ha debido superar
muchos miedos para también nacer hoy.
No se muera. No se hiera. Aunque los días
vengan
siendo siglos con el dolor por medida.
No se quede a medias. Tire lo que no le lleva.
Pero no se vaya. El color también es medicina.
Aguante. No reviente. El amor está en espera
desanudándose arañas de las venas
con sus alas hiladas al cuerpo,
brillantes,
nubes tejedoras de vida elevan
elevan brisas
oleajes, galaxias nuevas.
¡No se muera! Levántese. Hábleme
con aquel gusto que tenía de platicar las ganas
mientras llegaban los taquitos, el Boing o la chela,
las risas y el debate de la escena… acuérdese
de lo que al corazón le da cuerda;
mire que las raíces expuestas también son escalera.
No se muera. Suba conmigo. Abrácese. ¡Venga!
***
YADIRA VEGA
Abogada, poeta y actriz mexicana. Especializada en derechos culturales y medio ambientales, cuenta con maestría en Estudios Históricos Interdisciplinarios a través del CONACYT; en artes escénicas, con técnicas de mimo corporal dramático por la MOVEO y “L’ Escala” de Barcelona, así como de desarrollo profesional de la voz por el CNA con Ana María Muñoz. Ha participado en múltiples programas educativos, culturales y artísticos para los tres niveles de gobierno, iniciativa privada y organizaciones de la sociedad civil con agrupaciones nacionales y extranjeras en espectáculos y festivales de México, España, Francia, Holanda, Bélgica, Italia, Canadá y Sudamérica: FIC (varias ediciones), Festival Internacional Titerias, Festival Internacional de Pantomima y Clown, Programa Nacional de Teatro Escolar, Festival Internacional Galicreques, Nacioarteko Helduentzako Txotxongiloen, entre otros. Su creación poética ha sido representada en espectáculos de danza, performance, obras de teatro, poemas sonoros, exposiciones plásticas y recitales. Su obra literaria está publicada en revistas y antologías diversas.

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