COMO TODOS
Eran las 3am de un jueves como todos, yo dormía en piyama, y despeinada como todos. Me levanté a hacer lo que todos. La casa estaba en silencio, excepto por los ronquidos del perro, la gatita y mi esposo. Me puse las pantuflas y me dirigí al baño, mi vejiga me lo pedía, además dicen que eso de retener no es bueno en las mujeres, sobre todo por la infección urinaria, pero, bue…
Entonces abrí la puerta, lo único que quería hacer era sentarme en el más placentero de los tronos, pero al prepararme me encontré con un tumulto de gente que estaba allí de fiesta, pero de FIESTA; FIESTA. Música a todo trapo, luces de colores, y yo en piyama con pantuflas, me recordó aquella vez que me hice pis en la escuela y le dije a la maestra: “Seño: mi silla está mojada”.
Lo raro era que el inodoro, el bidet y el lavamanos estaban allí, en ese rincón de siempre, y hasta había papel higiénico. Empecé a buscar entre la gente a alguien conocido que me diga tan solo dónde estaba el toilette, pero yo estaba en él, o en la fiesta que se sucedía allí. Cuando me introduje entre la gente descubrí que el baño era de mayor tamaño, y que había mucha, mucha gente.
Pero la necesidad era imperiosa, así que decidí salir por donde había entrado, quizá al entrar otra vez volvía todo a la normalidad, pero no, el pasillo que me conducía a mi habitación, ahora era la salida de emergencia, de ese gran boliche, mi baño, ese lugar tan menospreciado, tan de uno, tan íntimo.
Salí por allí, entré a un local que estaba abierto que parecía ser un maxi-kiosco, pedípasar al baño, y al abrir la puerta, encontré un baño, como todos, sin gente bailando. Satisfice mi necesidad, pero cuando abrí la puerta ya no estaba el negocio, miré y conocí ese lugar, era la casa de Josefa, mi vecina, me escapé sin que me vieran cuando me percaté que el sillón estaba mojado. Entré a mi casa, a mi baño, todo era normal, como siempre. Fui a mi habitación, abrí la puerta y allí estaba la gatita, el perro, mi esposo, y junto a él, una señora muy bella, de piyama y envuelta en sus brazos.
Yo podía explicar el olor a humo de cigarrillo, residuo de la fiesta; los pies fríos de correr en pantuflas, la policía golpeando la puerta por sospecha de irrumpir en la noche en casa ajena, pero él estaba con una señora en nuestra cama, que era igual que yo, que cuando se levantó, no me vio, fui ignorada totalmente por ella, que fue al baño y encontró allí un baño como todos, un jueves como todos, e hizo lo que todos: piz.
***
NATALIA ARTIGAS
Mi nombre es Natalia Artigas, Nate para los que me conocen íntimamente. Nací en 1981 y viví toda mi vida en general Rodríguez, donde crecí, me eduqué y conocí gente maravillosa.
Me desempeño como profesora de matemática en distintas escuelas de mi ciudad, pero mi mejor trabajo es ser madre de dos hermosas criaturas que pintaron mis días de arcoiris.
Hoy tengo 43 años. Podría decir que la mejor edad en la que puede estar una persona, pero aún me falta conocer el resto. Soy aficionada y amante de la escritura literaria, le doy a la palabra el valor de todas las cosas y disfruto creando historias, un poco reales un poco imaginadas, para darles vuelo.

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