¿Qué le dirán los bomberos a las estrellas
cuando toda el agua se apague
y no puedan apagar su fuego?
La playa está harta
de no recordar las huellas de los enamorados
por culpa del mar.
Los juegos de la plaza del barrio
están planeando ir a buscar a los chicos a sus casas:
temen una conspiración
de los mercaderes de videojuegos.
Las terrazas de los edificios
marchan cansadas de su soledad
aunque a los vecinos del último piso no les haga mucha gracia.
Desesperados,
los suicidas claman a gritos
que los trenes cumplan sus horarios.
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