Cuando el perro metió la cabeza en el pozo nadie esperó menos que estrellas porque en la cima de la montaña las autopistas son más cortas y la vida más amarga. De todas formas el tren pasó a horario aunque el cordón de la vereda estuviese torcido y, a decir verdad, el carnicero estaba con dolor de muela en la esquina de la verdulería. alguien pensó que sería bueno nacer con la nariz en la nuca y los ojos en los dedos, justo cuando el farol de la estación se prendió hasta quedarse ciego. la señora tira al bebé por la ventana del 4º G y él vuela hasta la fuente de la plaza para refrescarse los juanetes con naftalina. hay que saber hablar con los postes de alumbrado a pesar de que su sabiduría es relativa y su humor, pésimo. y todo pasa: la calle, el edificio, el perro, la estación, el niño, la fuente, la verdulería... todo menos yo que sigo en el mismo, único imposible lugar de siempre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario