Acabo de terminar la lectura de "𝗔𝗻𝘁𝗲𝘀 𝗱𝗲𝗹 𝗳𝗶𝗻" de Ernesto Sabato y no quiero que se me apaguen algunas cosas que despertó este libro de memorias y reflexiones tan honesto como profundo.
En el capítulo I, "𝐏𝐫𝐢𝐦𝐞𝐫𝐨𝐬 𝐚ñ𝐨𝐬 𝐲 𝐠𝐫𝐚𝐧𝐝𝐞𝐬 𝐝𝐞𝐜𝐢𝐬𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬", narra con dureza y melancolía aquellos años de su vida en los que el dolor, el miedo, el asombro y las puertas del arte se presentaron ante sus ojos. Qué valor tuvo para abandonar lo que parecía seguro y destinar sus esfuerzos en algo, que en principio, era incierto. Increíble, por otro lado, que haya tomado varias veces en su vida ese tipo de desiciones. Me pregunto cuántos de nosostros seríamos capaces de tomar solo uno de esos caminos.
Me asombró la cantidad de personalidades con las estuvo en contacto y que lo formaron: Camus, Domínguez, Curie, Ocampo, Bianco, Wilcock, Mastronardi y tantos otros.
La lucidez y entereza de pensamiento, la crudeza y realismo con que habla de los problemas del mundo en el capítulo II, "𝐐𝐮𝐢𝐳á𝐬 𝐬𝐞𝐚 𝐞𝐥 𝐟𝐢𝐧", es todo lo que se le puede pedir a un escritor que no ha venido al mundo a disfrazar la verdad. Me interesaron particularmente dos pasajes en los que habla de temas tan ciertos como silenciados: la brutalidad con que la sociedad trata a los niños y el rol que la educación debe tener como símbolo de resistencia frente a un mundo indiferente.
Me fue imposible leer de corrido el capítulo III, "𝐄𝐥 𝐝𝐨𝐥𝐨𝐫 𝐫𝐨𝐦𝐩𝐞 𝐞𝐥 𝐬𝐢𝐥𝐞𝐧𝐜𝐢𝐨": la lectura era interrumpida a cada frase por el llanto. Sí. ¿Cómo no identificarse con el dolor de un hombre que ha perdido lo más sagrado que puede tener? Me estremezco al imaginarlo. Sus palabras son tan poderosas que dejan en el pecho de quién lee una angustia tan vivida que es difícil sortear las páginas sin detenerse a reflexionar sobre el dolor humano.
"𝘌𝘯 𝘭𝘢 𝘴𝘰𝘭𝘦𝘥𝘢𝘥 𝘥𝘦 𝘮𝘪 𝘤𝘶𝘢𝘳𝘵𝘰, 𝘢𝘣𝘢𝘵𝘪𝘥𝘰 𝘱𝘰𝘳 𝘭𝘢 𝘮𝘶𝘦𝘳𝘵𝘦 𝘥𝘦 𝘑𝘰𝘳𝘨𝘦, 𝘮𝘦 𝘩𝘦 𝘱𝘳𝘦𝘨𝘶𝘯𝘵𝘢𝘥𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘋𝘪𝘰𝘴 𝘱𝘢𝘳𝘦𝘤𝘦 𝘦𝘴𝘤𝘰𝘯𝘥𝘦𝘳𝘴𝘦 𝘥𝘦𝘵𝘳á𝘴 𝘥𝘦𝘭 𝘴𝘶𝘧𝘳𝘪𝘮𝘪𝘦𝘯𝘵𝘰".
El epílogo, "𝐏𝐚𝐜𝐭𝐨 𝐞𝐧𝐭𝐫𝐞 𝐝𝐞𝐫𝐫𝐨𝐭𝐚𝐝𝐨𝐬", es un poético llamado a la resistencia, a la búsqueda del Absoluto, a la comunión que como seres humanos estamos obligados a cultivar para salvarnos del horror.
"𝘚𝘰𝘭𝘰 𝘲𝘶𝘪𝘦𝘯𝘦𝘴 𝘴𝘦𝘢𝘯 𝘤𝘢𝘱𝘢𝘤𝘦𝘴 𝘥𝘦 𝘦𝘯𝘤𝘢𝘳𝘯𝘢𝘳 𝘭𝘢 𝘶𝘵𝘰𝘱í𝘢 𝘴𝘦𝘳á𝘯 𝘢𝘱𝘵𝘰𝘴 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘦𝘭 𝘤𝘰𝘮𝘣𝘢𝘵𝘦 𝘥𝘦𝘤𝘪𝘴𝘪𝘷𝘰, 𝘦𝘭 𝘥𝘦 𝘳𝘦𝘤𝘶𝘱𝘦𝘳𝘢𝘳 𝘤𝘶𝘢𝘯𝘵𝘰 𝘥𝘦 𝘩𝘶𝘮𝘢𝘯𝘪𝘥𝘢𝘥 𝘩𝘢𝘺𝘢𝘮𝘰𝘴 𝘱𝘦𝘳𝘥𝘪𝘥𝘰"
Está demás decir que se los recomiendo, mucho.
